El arte de amargarse la vida

Voy a expresar con mis palabras una de las historias que aparece en el libro “El Arte de amargarse la vida” de Paul Watzlawick, es un libro que nos lo hicieron leer cuando estudie Integración Social, me gusto mucho, en este libro te va diciendo qué pasos dar para ser un experto en amargarte la vida y luego pone ejemplos al respecto, de historias concretas; una de las historias concretas es la siguiente:
 
Un señor estaba en su casa cuando decide que va a poner unos cuadros, pero primero decide pensar cuales va a colocar, tras estar un rato deliberando ya tiene decididos que cuadros poner. Se dirige a la caja de herramientas y de pronto descubre que no tiene martillo…
 
Entonces decide pedírselo al vecino, cuando desde el fondo de la casa se dirige hacia la puerta se acuerda de que hace dos semanas cuando iba paseando por la calle no le saludo, y piensa:
 
– Este es un arrogante, ni siquiera me saluda, de que va, no saludarme a mi! si no es un arrogante. ¿será que le caigo mal?
 
Acto seguido, piensa de nuevo mientras retrocede en hacia el salon:
 
– Pero que estoy haciendo! Quizá sea miope y no vea bien, si es así ¿cómo me va a saludar?, no seas tan desconfiado…
 
Una vez habiéndolo meditado se dirige de nuevo hacia la casa del vecino, decidido a tocar su timbre, cuando de nuevo le asalta otra idea:
 
– El otro día cuando estabamos en el ascensor me contestaba muy seco, no quería hablar conmigo, se le notaba a leguas, pero ¿de que va?, no puede ser, tiene que tener más educación.
 
Mientras vuelve a retroceder su cabeza sigue pensando:
 
– Quizá tuviera un día malo, yo a veces también los tengo, y en esos días me apetece hablar menos ¿en que me baso para pensar que le caigo mal?, tranquilizate y pidele el martillo de una vez, que no va a tener ningún problema en dejarmelo, son sólo cocos mios.
 
En este momento decidido a no volver a tras coge paso firme y se dirige a la casa el vecino, abre su puerta, llama al vecino y cuando este abre le dice:
 
-¡QUEDÁTE CON TU PUTO MARTILLO SO CABRÓN!
 
Y se dirige a su casa.
 
Acto seguido, el libro indica que sigas tus temores y tus desconfianzas sobre la gente al pie de la letra si quieres llegar a ser un experto en amargarte la vida…Es un libro sencillo de leer, cortito, pero la verdad es que se le puede sacar mucho jugo, en la Comunidad terapéutica hay muchos residentes que actúan de esta manera, y les suelo contar en grupo esta historia, para trabajar con ellos el daño que se hacen a ellos mismos haciendo de esta manera. En Psikolibro esta el libro entero si lo queréis leer (dar al link)
 
Paul Watzlawick en “El arte de amargarse la vida”, a través de historietas, viñetas, cuentos, ejemplos literarios y refranes, nos ofrece la oportunidad de reconocer nuestro estilo personal frente a determinadas situaciones. Es un libro de lectura sencilla y compleja a la vez, puede ser leído como un relato de historietas o proporcionar una oportunidad expléndida para reflexionar sobre los procedimientos por los que una persona va construyéndose una vida desdichada. Su lenguaje ágil, irónico y paradójico nos provoca a veces la risa y en otras ocasiones nos confronta con los modos en que estamos contribuyendo a nuestra propia infelicidad.
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El caballero de la Armadura Oxidada

Hoy me he leído el “El Caballero de la Armadura Oxidada”, como dice el libro el caballero era bueno, genero y amoroso, partía en todas las direcciones, una cualidad que pocos tenían, este caballero vívía por la lucha, por salvar damiselas, siempre con su armadura puesta.
 

Las relaciones con su familia no le iban bien, por estar sumergido en su armadura, un buen día, cuando quiere quitarse la armadura, descubre que no puede quitarsela, que está pegada a él de la manera más fuerte que una persona pueda pensar.

Este caballero que quiere quitarse la armadura y no puede, decide dirigirse al mago Merlin para poder quitarsela, Merlin le propone ir por el Sendero de la Verdad, donde tendrá que pasar: por El Castillo del Silencio (donde se encontrará consigo mismo y con sus miedos nunca reconocidos), El Castillo del Conocimiento (donde se sigue conociendo y descubre que si no se ama a sí mismo no podrá amar a otros), El Castillo de la Voluntad y la Osadía (donde aprende que sus mayores miedos son infundados por él mismo) y llegar a la Cima de la Verdad.

En su paso por los diferentes castillos se va encontrando consigo mismo, lágrimas brotán de su corazón por cada aspecto de sí mismo que aprende, lágrimas que hacen que su armadura se vaya callendo.
 
Voy a poner un trozo del último capítulo, La Cima de la Verdad: Cuando ya casi había llegado a la cima, se encontró con un canto rodado que bloqueaba su camino. como siempre había una inscripción en el: Aunque este Universo poseo, nada poseo, pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido. El Caballero se sentía demasiado exhausto para superar el último obstáculo. Parecía imposible descifrar la inscripción y estar colgado de la pared de la montaña al mismo tiempo, pero sabía que debía intentarlo. Ardilla y Rebeca se sintieron tentadas de ayudarle, pero se contuvieron, pues sabían que a veces la ayuda puede debilitar al ser humano.
El Caballero inspiró profundamente, lo que le aclaró un poco la mente. Leyó la última parte de la inscripción en voz alta: Pues no puedo conocer lo desconocido si me aferro a lo conocido.
 
El Caballero reflexionó sobre algunas de las cosas “conocidas” a las que se había aferrado durante toda su vida. Estaba su identidad – quién creía que era y que no era -. Estaban sus creencias – aquello que él pensaba que era verdad y lo que consideraba falso-. Y estaban sus juicios – las cosas que tenía por buenas y aquellas que consideraba malas. El Caballero observó la roca y un pensamiento terrible cruzó su mente: también conocía la roca a la cual se aferraba para seguir con vida. ¿Quería decir la inscripción que debía soltarse y dejarse caer en el abismo?
 
– Lo has cogido caballero- dijo Sam (es él mismo, en contacto con su interior)– tienes que soltarte.
– ¿Qué intentas hacer, matarnos a los dos?- gritó el caballero.
– De hecho, ya estamos muriendo ahora mismo- dijo Sam -. Mírate. Estás tan delgado que podrías deslizarte por debajo de una puerta, y estás lleno de estrés y miedo. (…)”
 
Siguen una conversación así hasta que el Caballero decide soltarse: “… se dejó ir y se precipitó al abismo, a la profundidad infinita de sus recuerdos. Recordó todas las cosas de su vida de las que había culpado a su madre, a su padre, a sus profesores, a su mujer, a su hijo, a sus amigos y a todos los demás. A medida que caía en el vacío, fue desprendiéndose de todos los juicios que había hecho contra ellos.
 
Fue cayendo cada vez más rápidamente, vertiginosamente, mientras su mente descendía hacia su corazón. Luego, por primera vez en su vida, contemplo su vida con claridad, sin juzgar sin excusarse. En ese instante aceptó toda la responsabilidad por su vida, por la influencia que tenía sobre ella, y por los acontecimientos que le habían dado forma (…) Repentinamente, dejó de caer y se encontró en pie encima de la montaña y comprendió el significado de la inscripción de la roca. Había soltado todo aquello que había temido y todo aquello que había sabido y poseído. Su voluntad de abarcar lo desconocido se había liberado. (…)
 
Casi muero por las lágrimas que no derramé, pensó. Las lágrimas resbalaban por sus mejillas, por su barba, por su peto. Como provenían del corazón, estaban extraordinariamente calientes, de manera que no tardaron en derretir lo que quedaba de armadura.
El caballero lloraba de alegría, no volvería a ponerse la armadura y a cabalgar en todas las direcciones nunca más.

¿Cuantas veces nosotros mismos nos ponemos barreras para relacionarnos con el mundo, y nos vamos aislando como el caballero?

Autor: Robert Fisher