25 de noviembre, Día internacional contra la violencia hacia las mujeres

 


El Instituto Navarro para la Igualdad, con motivo de la conmemoración el próximo 25 de noviembre como Día internacional contra la violencia hacia las mujeres ha impulsado la realización de una serie de actividades con el objetivo de hacer un llamamiento a la participación ciudadana contra la violencia machista.

Para ello se ha instalado en la nueva estación de autobuses de Pamplona un gran panel de libre expresión con el lema “Contra la violencia machista la sociedad se moviliza. Exprésate” en el que todas las personas que lo deseen podrán escribir alguna frase, lema, eslogan u opinión en torno a la violencia machista: qué piensan, cómo la viven, cómo imaginan el futuro, etc.

También junto al panel se han habilitado unas salas en las que se irán colocando dibujos infantiles, collages realizados por personas mayores, montajes de foto-arte, graffitis, etc. referidos al rechazo de la ciudadanía a la violencia contra las mujeres

En el mismo espacio donde se realizan estas actividades existe un manifiesto de rechazo hacia las distintas manifestaciones de violencia machista al que pueden adherirse con una firma quienes así lo deseen.

Contribuir a la erradicación de la violencia contra las mujeres es responsabilidad de instituciones, agentes sociales y políticos y también de las personas. Por ello, quisiera invitarte a participar en esta iniciativa así como animarte a acudir a la concentración silenciosa de condena y repulsa de la violencia machista que tendrá lugar el martes 25 de noviembre a las 12.00 horas en la Plaza del Vínculo, frente a la sede del INAI (C/ Estella, nº 7. 31002-Pamplona).

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Programa terapéutico para maltratadores del ámbito familiar en el centro penitenciario de Pamplona

Voy a poner algunos aspectos de un artículo que aparece en la revista Infocoponline, es sobre un programa que se viene desarrollando en la prisión de navarra con los maltratadores. Me parece un programa interesante, la pena es que sea sólo para la población de prisión, ya que por ejemplo en la CT también hay algún que otro maltratador y cuando hace unos días oí la noticia de esto en la radio, me pareció interesante para que fuera alguna persona de la comunidad, me parece interesante, ahora esto lo plantearé en el Equipo terapéutico para ver que les parece que alguna de las personas acudan a este programa y en caso de que fuera así, a motivar a la persona para que vaya. Ahora dejo ya, el artículo, si lo queréis ver ir al de Infocoponline:

Las terapias psicológicas con maltratadores domésticos deben ser aplicadas en todos los casos, aunque existe un porcentaje de fracasos en aquellos que de antemano no se consideran maltratadotes, y por tanto, no se someten a ninguna intervención. No basta con describir y denunciar un problema, hay que resolverlo, además de tomar muchas y variadas medidas. Desde la prisión, debemos intervenir con el maltratador, ya que ésta es nuestra responsabilidad.Una característica del maltrato es la negación de esta conducta por parte del maltratador. Cuando un comportamiento genera malestar al pensar fríamente en él o es rechazado socialmente, se utilizan estrategias de afrontamiento para eludir la responsabilidad, como buscar excusas, alegar que se trata de un problema estrictamente familiar, hacer atribuciones externas, considerar lo que ocurre como normal en todas las familias o quitar importancia a las consecuencias negativas de esta conducta para la víctima.Desde una perspectiva general, el programa de maltratadores en el Centro Penitenciario de Pamplona está estructurado de la siguiente manera:

Los sujetos acceden al programa a través de la Junta de Tratamiento del Centro Penitenciario. Ésta hace una primera selección de los sujetos que están en prisión por el delito de violencia doméstica, se les informa de la existencia de dicho programa y se les invita a participar, siempre de forma voluntaria. Si el sujeto accede a participar en el programa, se le pone en contacto con los psicólogos del Instituto Navarro de Psicología Jurídica que participan en el programa penitenciario. Existen dos tipos de sujetos que participan en el programa terapéutico: los que están en prisión preventiva, a espera de ser juzgados y los que ya están condenados por sentencia judicial.

 

El primer periodo del programa terapéutico consiste en una fase de evaluación, en la que existen unos criterios de exclusión. Si el sujeto supera esta primera fase, comienza un segundo momento de terapia individual. Una vez realizado este primer periodo, inicia una última fase de terapia grupal. Una vez finalizado el proceso terapéutico, se inicia una fase de seguimiento a 1, 3, 6 y 12 meses.

Con todo esto, el programa tiene una duración total de dos años: un año de tratamiento terapéutico (individual y grupal) y un año de seguimiento.Para la evaluación del agresor, se utilizan entrevistas estructuradas, cuestionarios heteroaplicados y autoaplicados, que ayudan a tener una evaluación individualizada de las conductas del maltrato y nos permiten poder planificar lo más adecuadamente el tratamiento. También se recogen otros datos significativos del agresor, como condiciones laborales, posibles problemas de maltrato en relaciones anteriores, situación de pareja y familiar actual, estado de salud, antecedentes penales y relaciones sociales. Así mismo, se pueden detectar variables psicopatológicas que estén relacionadas habitualmente con la violencia familiar y datos importantes sobre la frecuencia y duración de los episodios de maltrato, además de la percepción que tiene el agresor sobre la gravedad de los mismos y sobre sus repercusiones.

Dentro de las primeras fases del tratamiento, resulta de vital importancia evaluar el grado de peligrosidad del paciente, así como el nivel de motivación para el cambio.

El objetivo del tratamiento terapéutico, tanto individual como grupal, está orientado a tres áreas fundamentales: una, el área cognitiva, en la que se trabaja a través de la reestructuración cognitiva de ideas, pensamientos y distorsiones cognitivas en relación a la figura de la mujer y al uso de la violencia; dos, el área conductual, en la que se desarrolla el trabajo referente al control de los impulsos y el aprendizaje de técnicas de relajación; y tres, el área emocional, en el que se practica el reconocimiento de las emociones y sentimientos propios y del otro y la correcta expresión y comunicación de los mismos.

Conclusiones

En estos últimos años hemos iniciado programas como el mencionado fuera y dentro de las cárceles españolas, y aunque todavía no contamos con investigaciones suficientes que avalen su eficacia, sí podemos comentar algunos resultados e ideas a modo de conclusión:

1.- Es necesario y prioritario tratar a los maltratadores que ejercen violencia de género, más allá de de todas las intervenciones directas que sean necesarias con las víctimas.

 2.- Con los sujetos con los que se ha trabajado en prisión se ha observado que, la evolución de la privación de libertad aunque positiva, por sí sola, no siempre es eficaz, porque se mezclan sentimientos de injusticia, miedo a ser encarcelado de nuevo, venganza, etc., que pueden resultar contraproducentes y producirse recaídas. En este sentido, la privacidad de libertad combinada con el tratamiento terapéutico parece ser, en la mayoría de los casos, la mejor opción, así como la alternativa más beneficiosa para todas las partes implicadas en el conflicto.

 3.- La mitad de los maltratadores no aceptan asistir a las sesiones terapéuticas cuando se les ofrece el programa. En este sentido, debemos mejorar los factores motivacionales, para disminuir este importante porcentaje de rechazo, de cara a hacer más sugerente la participación en los programas.

4.- De los sujetos que aceptan ser tratados, un pequeño porcentaje abandonan el programa, pero el resultado de los que lo terminan es positivo. En esta línea, el programa terapéutico propiamente dicho parece mostrar una eficacia positiva, en cuanto a la reestructuración y rehabilitación de los maltratadores que han llegado a finalizar el programa.

 5.- En el caso de que los sujetos que están siendo atendido en prisión, por cualquier causa, accedieran a la libertad y/o al tercer grado, existe la posibilidad de que puedan seguir el tratamiento en el exterior en cualquiera de sus tres fases (terapia individual, grupal o seguimiento), ya que dicho programa se está realizando simultáneamente en prisión y de forma ambulatoria en el exterior por el mismo equipo de psicólogos.

 Para terminar este trabajo, nos gustaría señalar que debemos poner todos los medios para evitar que los delitos de género se parezcan a los accidentes de circulación, que aunque conociendo las variables que los provocan, los accidentes y los muertos se siguen produciendo todos los días, creando al final un efecto de rutina, frialdad emocional y resignación.   

 

 

Curso de Técnico en intervención en violencia de género

Dejo aquí un curso que me ha llegado por correo electrónico a través de INEFOC, lo dejo aquí por si a alguien le resulta de interés,…

El Instituto Europeo de Formación y Consultoría, en colaboración con la Asociación Española de Psicología Clínica Aplicada (AEPCA), ofrece la posibilidad de realizar el curso de TÉCNICO EN INTERVENCIÓN EN VIOLENCIA DE GÉNERO (modalidad online) con un descuento de hasta el 60% del precio original.El precio del curso (tasas de matrícula y diploma incluídos) es de 290 euros. La promoción es hasta el 15 de Abril y únicamente se ofrecen 12 plazas.

CURSO ONLINE de Técnico en intervención en Violencia de Género (250 h)

La violencia de género es un problema de viegente actualidad en todo el mundo, y aún más en los países desarrollados, donde los medios de comunicación han empezado a hacerse eco de lo que antaño era un problema privado y familiar. Intervenir en este problema desde los diversos ámbitos no es tarea fácil, teniendo en cuenta las competencias profesionales, que a veces se solapan unas con otras. El curso de técnico en intervención en violencia de género pretende formar a los profesionales sobre cómo intervenir cuando la violencia se manifiesta plenamente. También se ofrece un compendio de técnicas procedentes de diversos paradigmas para utilizarlas tanto con víctimas como con maltratadores.

DIRIGIDO A

A estudiantes, licenciados y/o diplomados en cualquiera de lastitulaciones siguientes: Psicología, Medicina, Enfermería, Pedagogía, Psicopedagogía, Educación Social, Magisterio, Trabajo Social, Terapia Ocupacional o en cualquier titulación o ciclo relacionado con lasciencias sociales y/o de la salud. También dirigido a otros profesionales interesados en el tema.

PROGRAMA

Módulo I: Psicología Clínica en Violencia de Género: La intervención clínica / La evaluación psicológica de la víctima y del agresor(a) / Tratamiento psicológico de la víctima y del agresor (a) / Habilidades terapéuticas / Las terapias grupales y otros recursos

Módulo II: Terapia Sistémica y Violencia de Género: Nociones teóricas en terapia sistémica y Escuelas / La familia desde el paradigma sistémico / Estrategias sistémicas con la víctima / Estrategias sistémicas con el agresor(a) / Intervención en el núcleo familiar

Módulo III: Psicoterapia Integrativa en Violencia de Género: Aplicaciones de la psicoterapia en violencia de género. Mirando de cerca a víctima y maltratador(a) / Estrategias psicodinámicas y humanistas. Desarrollo personal / El Análisis Transaccional y su aplicación en violencia de género / La Psicología Gestalt / Otras psicoterapias útiles en violencia de género

Módulo IV: Intervención de los servicios sociales: La intervención social y sus recursos / Papel de los profesionales sociales en violencia de género: trabajadores sociales, educadores sociales, terapeutas, maestros y personal sanitario/los observatorios de la violencia (estatales y autonómicos) / Las casas de acogida / El servicio de teleasistencia

Para más información relacionada con el curso puede pinchar aquí

INFORMACIÓN E INSCRIPCIÓN

Teléfono: 692 594 720 (coordinador)

Diaporama sobre la violencia de género realizado por alumnos de 3º de Educación Social (Universidad de Extremadura) 2007

Dejo este vídeo que lo he visto en el blog de Educación Xocial (educador social Asturiano) y que me ha gustado e impactado.

Educación – Coeducación

En la historia las mujeres no han tenido acceso al sistema educativo, una de las reivindicaciones del movimiento feminista era el que las mujeres tuviesen acceso a la educación; en nuestro país es a partir de 1970 cuando se da el acceso masivo de las mujeres a la educación.

El primer movimiento trataba de que las mujeres tuviesen acceso a la educación, es decir, que hombres y mujeres tuviesen igualdad de oportunidades, pero esta igualdad de oportunidades se quedaba ahí, en oportunidades de acceso, ya que como pronto se pudo observar no se daba la igualdad de resultados; en los años 80 se empieza a ver que en el marco educativo aparece la segregación, ya sea por género, etnia, clase social, etc. Al ver que no se daba la igualdad de resultados, la imagen idílica que se tenía de la escuela se va desdibujando y se empieza a pensar y a ver que algo esta pasando.

La socialización de los/las niños/as comienza en la familia, cuando llegan a la escuela muchos de los roles existentes en la sociedad ya están siendo reproducidos, “la familia constituye la primera estructura organizada, que sujeta y sometida al sistema patriarcal, juega un papel primordial en la transmisión de valores sexistas en los primeros momentos de desarrollo humano, poniendo las bases del entramado básico de la personalidad[1]

Cuando las/los niñas/os llegan a la escuela se les sigue tipificando en función del género, el hecho de que desde bien pequeños se les asignen batas de distinto color (rosa para las niñas y azul para los niños) es un ejemplo de ello. Se empieza a reflexionar sobre la forma de educar a los/as niños/as desde la escuela, se empieza a hablar de la necesidad de una coeducación, “una nueva filosofía pedagógica que, partiendo del análisis de género como paradigma básico, permite a los centros educativos y a todas aquellas personas con responsabilidad educativa, revisar el curriculum, los materiales didácticos, la organización escolar, la distribución del tiempo y el espacio, las actitudes, la programación y la oferta educativa con el fin de poder organizar el currículum escolar de manera integradora para las alumnas y alumnos (…)”[2] Muchas veces se ha mezclado la coeducación con la educación mixta, cuando no son lo mismo, la educación mixta,es el sistema cultural dominante (…) basado en el principio democrático de igualdad entre todos los individuos, defiende la educación conjunta para hombres y mujeres como un compromiso básico del sistema educativo. (…) no concibe la masculinidad y la feminidad como construcciones sociales, (…)”[3] es decir, no supone más que qué en el mismo aula se encuentran personas de ambos sexos, sin embargo la coeducación trabaja por que no se de sexismo en la escuela, intentando que no se reproduzcan los roles asignados al sexo masculino y femenino, en definitiva superar la construcción social de género. “ la escuela coeducativa tiene en cuenta las diferencias entre los grupos sociales y sexuales como factor relevante para la educación de niños y niñas. (…) El sistema cultural coeducativo incorpora la diversidad de género en tanto que diversidad cultural[4]

Para investigar de qué manera se esta trabajando en la escuela como señala Xavier Bonal, existe el currículum explícito y el oculto, el primero hace referencia a aquellos aspectos que se pueden tomar de una escuela y analizar directamente, hace referencia a las fuentes secundarias o preexistentes, como por ejemplo analizar el sexismo en los libros de texto que se utilizan; en el segundo, como su nombre indica, hace referencia a aquellos aspectos que nos son tan fáciles de visualizar, como pueden ser aspectos relacionados con la visión y expectativas del profesorado (Ej.: lenguaje utilizado en el aula) y la interacción en el aula (Ej.: a quien dedica más atención).

Hoy en día todavía falta mucho para trabajar desde esta perspectiva, muchas veces ni el alumnado ni el profesorado es consciente de que se esta produciendo y reproduciendo el sexismo, pero no sólo en este ámbito, ya que por ejemplo los medios de comunicación en sus anuncios nos demuestran esta asignación de roles a lo masculino y femenino.

En la coeducación deberían participar todos los actores que intervengan en la educación de los/as menores, familia, escuela, etc. En la actualidad se esta trabajando desde la educación mixta por lo que se sigue favoreciendo lo “masculino” y relegando a un segundo plano lo “femenino”, se esta primando el espacio público y desfavoreciendo el privado. El sexismo es consecuencia de la jerarquía cultural existente, del sistema de género imperante en la sociedad, el cual perjudica a todo el alumnado, a los chicos se les impide acceder a los valores tradicionalmente femeninos y las chicas se les conduce a realizar elecciones menos valoradas social y económicamente, ejemplo de ello puede ser al análisis de las diferencias en los estudios que realizan, “eligen” hombres y mujeres.

Para dar muestra de ello vamos a hacer referencia a algunos los datos de Navarra, en primer lugar hablaremos de las diferencias existentes en la FP–I, en 1996 – 97 la rama de Jardín de la Infancia, era realizada por mujeres en su totalidad (100%), y en la del metal un 0% lo que supone un 100% de hombres en la misma, estos son los datos más extremos pero se puede observar mirando las distintas ramas que se da una segregación por género. En las universidades (UPNA y UNA) se produce este mismo fenómeno, hay algunas carreras muy feminizadas y otras masculinizadas, en la UPNA, en el año 96 – 97 enfermería (85,1%), profesorado de EGB (80,0%) y trabajo social (82,0%) eran las carreras más feminizadas, frente a Ingeniería Industrial e Ingeniería técnica industrial, en las que las mujeres tienen poca representación. Estos datos hacen referencia a la permanencia de los roles, en lo público se están reproduciendo los roles que se hacían y se siguen haciendo en lo privado.

Otros datos muy representativos son el observar el profesorado en la UPNA según categorías por sexo (96 -97), la categoría que mayor prestigio social tiene y la que mejor remunerada esta es la de Catedrática/o, en la que menor representación tienen las mujeres (8,9%), ello puede tener que ver por un lado con la elección de los estudios, pero sobre todo por el itinerario vital de las mujeres, que tienen una doble jornada, en el ámbito doméstico y en productivo, lo cual hace difícil que puedan dar el máximo en las dos.

Por último, me gustaría señalar aquellas carreras en las que la presencia de hombres y mujeres es más igualitaria, estas pueden ser los nuevos roles que emergen en base a nuevas carreras; estas carreras por ahora no tienen sexo, es decir, no se les ha asignado un rol, por ejemplo, Ingeniería agrónoma (48,9% mujeres)· y Ingeniería Técnica Agrícola (49,2% mujeres)· .

Tenemos que tratar que ninguna carrera tenga asignada un sexo, para ello lo importante es romper con el sistema de género, y la coeducación puede ayudar a que poco a poco se vayan desdibujando los límites de los roles asignados a los sexos y dar lugar a una verdadera elección de la vida que queremos desempeñar.

[1] Amaru, Actas de la II Universidad de verano: Hacia una pedagogía de la Igualdad. Salamanca, 1998. “Los valores en el desarrollo de la persona: Coeducación. Pág.: 45
[2] Op.Cit.
[3] Bonal, Xavier. “Las actitudes del profesorado ante la coeducación” Propuestas de intervención, Barcelona, Editorial GRAÓ, p.38, 1997
[4] Ibiden. p.40
· Datos del “Alumnado universitario en la UPNA según titulaciones por sexo” curso 2001 -2002

Feminización de la pobreza y procesos de exclusión social

Los procesos de empobrecimiento suelen ser diferentes para hombres y para mujeres, así por ejemplo “la movilidad intergeneracional de los hombres es por la posición socioprofesional, y la movilidad de las mujeres por matrimonio, lo que mantiene y encierra a los hombres en la esfera de la producción y a las mujeres en la esfera de la familia[1] A lo largo de la historia la pobreza de las mujeres ha sido socialmente invisible, es decir, ha sido una pobreza que ha estado oculta, debido entre otras cosas a “el uso de la unidad colectiva de análisis (familia, hogar, unidad fiscal, etc.) y a la medida unidimensional de la pobreza por los ingresos[2] Hoy en día estos dos aspectos se han empezado a tener en cuenta para los estudios sobre pobreza desde la perspectiva de género, el uso de la unidad familiar mantenía ocultas a las mujeres bajo este sistema regido por el sistema patriarcal, en el que a menudo las mujeres se encuentran en situación de pobreza y los hombres no, o en el que la pobreza de las mujeres es superior a la del marido.

En el seno de la pobreza, las mujeres siempre han sido y son las que en mayor desventaja se encuentran, esto se da independientemente hablemos pobreza tradicional o nueva pobreza. “Las nuevas pobres, son aquellas mujeres que, no siendo pobres en su origen familiar, devienen pobres por diversos motivos, todos ellos debidos a la dependencia en la estructura familiar.”[3] Las mujeres se empobrecen por ser madres solteras, por rupturas afectivas (divorcio, viudedad,…), por hospitalización, emigración, etc. es decir, por que sus relaciones afectivas se han visto influidas por problemas sociales, por pérdida de trabajo del marido, etc. Al fin y al cabo por la dependencia económica existente con respecto al marido. Otra forma de dependencia es la mayor intensidad con la que viven las mujeres “las situaciones de pobreza al recibir una menor protección social[4] Por ejemplo, la Seguridad Social, también se rige por la discriminación sexual del trabajo, ya que “los criterios de admisión están adaptados a las formas masculinas de participación en el mercado laboral, tales como el empleo regular continuado y los sueldos superiores al mínimo garantizado.”[5] En tercer lugar, por “la responsabilidad delegada (y/o asumida) por las mujeres en la gestión de recursos escasos (aumento del trabajo no remunerado)”[6], las mujeres se responsabilizan del hogar, de los/as hijos/as,… Todos estos factores y otros hacen que cada vez haya una mayor presencia de mujeres entre las/los pobres, es decir que la proporción de mujeres sobre el total de pobres vaya en aumento.

Como se puede observar con lo señalado hasta el momento, existen diversas causas que condicionan los distintos procesos de empobrecimiento y exclusión de las mujeres, según y como se pone el acento al hacer el análisis de la exclusión social, se pueden ver unos factores u otros como causas de la exclusión.

Teniendo en cuenta que la sociedad esta organizada bajo un sistema de género causante de desigualdad, podemos decir que las distintas causas de empobrecimiento están regidas por él: la discriminación laboral y salarial de las mujeres, así como la extensión de ésta a los regímenes de la seguridad social y subsidios sociales, hace que éstas tengan insuficiencia de ingresos propios, siendo ésta una de las causas de exclusión social; Unida a la insuficiencia de ingresos, la dependencia económica de las mujeres, hace que las rupturas (separación, divorcio,…) supongan la pérdida del sostén económico o también se podría decir que“El coste del divorcio es, en realidad, expresión del precio del matrimonio[7] . Además debemos tener en cuenta que tras las separaciones, es la mujer la que normalmente se encarga de las/los hijas/os, por lo que podemos hablar de “monomarentalidad”, dentro de la cual existen diferentes situaciones, por lo que no es homogénea. El empobrecimiento de las mujeres, debido a que estas son las encargadas de los cuidados de los hijos/as, supone una feminización de la infancia por lo tanto un empobrecimiento de la infancia. A pesar de los distintos caminos de empobrecimiento podemos decir que “es el distinto lugar que las mujeres ocupan en la división sexual del trabajo con respecto a los hombres donde se encuentra la raíz de sus miserias y la explicación de la especificidad de la pobreza que les toca vivir.”[8]

Por último decir que el sistema de género establece desigualdades de construcción cultural entre hombres y mujeres, el sistema de patriarcado hace que se otorgue más poder a los varones, y dentro de éstos, la división sexual del trabajo, estructura las relaciones productivas y reproductivas, colocando a las mujeres en posición de inferioridad frente a los hombres. Por lo tanto podemos hablar de la desigualdad de género existente en todos los ámbitos y como no, también influye en los procesos de empobrecimiento y exclusión social.

[1] Fernández, B., “Género social y procesos de empobrecimiento”, en VV.AA. Desigualdad y pobreza hoy, Madrid, Talasa, p.74. 1995
[2] Fernández, B., “Feminización de la pobreza en Europa y procesos de exclusión social”, en VV.AA. La Exclusión social. Reflexión y Acción desde el Trabajo Social, Navarra, Eunate, p.317, 1998
[3] Fernández, B., “Género social y procesos de empobrecimiento”, en VV.AA. Desigualdad y pobreza hoy, Madrid, Talasa, p.87. 1995
[4] Ibiden. p.88
[5] Tortosa, José María, “Pobreza y perspectiva de género”. Barcelona, Icaria, p.101, 2001
[6] Fernández, B., “Feminización de la pobreza en Europa y procesos de exclusión social”, en VV.AA. La Exclusión social. Reflexión y Acción desde el Trabajo Social, Navarra, Eunate, p.316, 1998
[7] Ibiden. p.320
[8] Ibiden. p.321

Trabajo

A lo largo de la historia las formas de trabajo han cambiado, por quién es realizado, con qué recursos se ha contado para realizarlo, la existencia de remuneración o no, etc. El trabajo, al igual que todos los aspectos de distintas sociedades, se mueve bajo el sistema de género, que al asignar roles distintos a los géneros, también “prepara a hombres y mujeres para distintos trabajos” a los unos, en la esfera pública (remunerada y reconocida) y a las otras en la esfera doméstica (ni remunerada, ni reconocida). Gracias a la perspectiva de género se puede observar que el trabajo esta recorrido por la división sexual del trabajo.

Es en el surgimiento del capitalismo cuando el trabajo asalariado se desarrolla como una forma especifica dentro de este sistema, así “el trabajo asalariado ha pasado a ser casi exclusivamente la única actividad designada como trabajo, aunque la mayoría de las familias (y las mujeres) realicen mayor número de horas de trabajo no asalariado (básicamente doméstico) para subsistir.[1] Las dos esferas aparecen divididas según la variable sexo, pasando a ser denominado trabajo, el trabajo productivo (desarrollado mayoritariamente por los hombres), de esta manera se crean familias dependientes de los ganadores del pan, es decir, “la mayoría de las familias pasan a depender de un salario, las mujeres pasan a depender económicamente del marido (…)” [2]

Una definición que no aporta esta visión sesgada es la realizada por Recio, según la cual, “el trabajo constituye en todas las sociedades la aportación específicamente humana que conjuntamente con los recursos naturales, permite obtener los bienes y servicios necesarios para la satisfacción de las necesidades humanas
[3] En esta definición tienen cabida todas las formas de trabajo, ya que su eje son necesidades humanas y no el beneficio como ocurre actualmente.

Cristina Borderias tiene en cuenta los análisis que se han realizado sobre el trabajo doméstico y sobre el trabajo asalariado, ambos casos están recorridos por una perspectiva masculina. Así por ejemplo, las ciencias domésticas de EE.UU., han llevado el modelo masculino del mercado laboral al trabajo doméstico, teniendo “como objetivo la introducción en el espacio doméstico criterios de eficiencia, productividad, rentabilidad.” [4] Por otro lado, los estudios marxistas sobre el trabajo doméstico, tratan de llevar las categorías clásicas de esta teoría (plusvalía, valor, producción de valores de uso, etc.) para analizar el trabajo doméstico; el hecho de tener tan presente el mundo masculino del trabajo, el trabajo doméstico se ha invisibilizado; el marxismo pedía la incorporación de la mujer a la esfera pública para ser consideradas sujetos históricos, por lo que el trabajo doméstico era considerado negativo, improductivo,… por lo tanto en esta concepción ha influido la visión masculina del trabajo. “En ambos casos, el trabajo doméstico aparece desvalorizado: cuestionando su valor económico, la lógica de su organización, su papel en el desarrollo social e histórico.” [5] Son también dos los análisis sobre el trabajo asalariado, el primero de ellos, el mercado dual, expone que hombres y mujeres estamos en el mercado, de hecho tendemos a él, pero en él las mujeres ocupan el segmento secundario, aquel que es peor remunerado, que tiene menor prestigio, etc. mientras que los hombres ocupan el segmento primario, apareciendo éste como responsable económico. Desde la otra concepción, la marxista, las mujeres también aparecen como segmento secundario bajo el concepto de “ejercito de reserva”, éstas se pueden incorporar al trabajo asalariado en cualquier momento sin provocar conflictos (en épocas de guerras, mortalidad,…) para luego volver al trabajo doméstico. Estas dos concepciones ven al trabajo doméstico como subsidiario del trabajo productivo.

Las mujeres en la actualidad tienen cada vez una mayor presencia en la esfera pública, se han incorporado al trabajo asalariado, pero no hay que olvidar que hoy en día seguimos viviendo la división sexual del trabajo, hoy en día las mujeres cobran menos que los hombres por la realización de un mismo trabajo, la población activa femenina sigue siendo inferior a la masculina, los puestos de trabajo del sector servicios mayoritariamente están realizados por las mujeres, muchos de estos trabajos son la externalización de actividades que las mujeres realizan en la esfera doméstica (cuidados, atender necesidades personales, etc.), cualidades que se han transferido al mundo de la producción, los puestos de poder siguen estando mayoritariamente en manos de los hombres, etc.

Las mujeres en la actualidad son las encargadas del trabajo doméstico al tiempo que muchas de ellas realizan también trabajo productivo; la subjetividad femenina ha estado desvalorizada, así por ejemplo, el modelo emancipacionista “partía de un modelo de trabajo abstracto, asexuado, neutro”, considerando que la supresión de la discriminación, pasaba por la “superación” de la división sexual del trabajo a través de la “incorporación” de las mujeres a todas las profesiones, lo que significaba (…) una homologación con el modelo masculino (…) y la negación de la diferencia de género y la especificidad del trabajo femenino[6] Es importante revalorizar la doble presencia de las mujeres, y no hablar de doble jornada, ya que el hecho de estar en las dos esferas hace que la persona sea capaz de gestionar ambas esferas. El hecho reside en no presentar a las mujeres como víctimas sino resaltar sus potencialidades.

Los hombres también deberían acceder a esta doble presencia, ya que como hemos dicho es un aspecto que enriquece, que una persona se desenvuelva bien en el ámbito de los cuidados, afectivo, doméstico y en el productivo, hace tener una vivencia plena; el dar más valor a lo afectivo en la sociedad en la que vivimos puede hacer que la sociedad se fije más en el bienestar de las personas, es necesario encontrar formas de articular lo público y lo privado entre hombres y mujeres, para hacer desaparecer el sistema de géneros, es decir, dejar de asignar “lo propio” a cada sexo.

La crisis del modelo capitalista puede ser utilizada para dar lugar a una reflexión sobre como debe de ser la reorganización del mercado de trabajo, se habla mucho de la reducción de la jornada laboral, como señala Cristina Carrasco, este es un punto de vista androcéntrico, en primer lugar, porque sólo se esta considerando al trabajo asalariado, que es el lugar donde menos presentes están las mujeres, por lo tanto se puede decir que “puede reducirse la jornada laboral, incluso puede cambiar cierta organización social del tiempo, pero ello no necesariamente se traducirá en una mejor situación de las mujeres”. [7] Ante esta situación de crisis del modelo capitalista, de los modelos tradicionales de empleo, las mujeres, como señala Cristina Borderias, pueden contribuir a que se “dé una reorganización del trabajo en su globalidad, a que nuevas formas (flexibilidad, trabajo a tiempo parcial, reparto del trabajo,…) se traduzcan en una mayor libertad, en un incremento de la capacidad de elección de horarios, de articulación entre vida personal y trabajo, y no en precarización, aumento de las desigualdades. Lo que, desde la lógica de mercado, se presentan como estrategias para la competitividad, la lucha contra el desempleo, la compatibilidad entre el trabajo y familia debería constituir, además, una posibilidad de nuevo contrato social: la re – negociación de los tiempos de trabajo entre hombres y mujeres.[8] De esta manera es como se pueden producir cambios en la cultura del trabajo y en las relaciones de género desde las estrategias femeninas, con las que se asegure la independencia económica de las mujeres, pero este es un cambio muy difícil de realizar debido a los sistemas en los que estamos inmersos, en el sistema capitalista lo más importante es el beneficio y por el sistema de género, que sigue marcando las relaciones entre los sexos, la división sexual del trabajo, los roles asignados,… al fin y al cabo lo que se plantea es “construir nuevas modalidades de hacer política para las mujeres” [9]

[1] Arantxa Rodríguez, Begoña Goñi, y Gurutze Maguregi (eds.) “El futuro del trabajo” “Reorganizar y repartir desde la perspectiva de las mujeres.” Pág.24 Edt.: Bakeaz, Centro de Documentación y Estudias de la mujer (CDEM) 1996
[2] Ibidem. p.26
[3] Op.cit. p.23
[4] Ibidem. p.50
[5] Ibidem. p.51
[6] Ibidem. p.55
[7] Op.cit. p.43
[8] Ibidem. p.63
[9] Ibidem p.64

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