“Sedúcete para seducir” (7) Eva Bach y Pere Darder

CULTIVA UN ESTILO AFECTIVO PROPIO
EMOCIÓNATE A TU MANERA

Uno de los objetivos de la educación de las emociones debería ser desarrollar un estilo afectivo propio, se trata de articular de forma adecuada pensamiento y emoción para potenciar la sensibilidad y la creatividad personal.

El aprendizaje significativo es aquel que se fundamenta en las emociones; el impacto emocional que un mismo suceso causa en dos sujetos diferentes será distinto, por lo tanto, tampoco lo serán las respuestas emocionales, ni los estímulos concretos los que harán crecer y evolucionar.

La creatividad es una facultad de la inteligencia que, conjugando emoción y pensamiento, se convierte en un instrumento de construcción personal dirigida a planificar los estilos de vida fuera de los habituales; esta nos conduce a elegir las formas de actuación y de relación que nos pueden ayudar a salir mejor parados de las situaciones que plantea la vida. Tanto desde la familia como desde la escuela se tienen que proporcionar oportunidades para que los chicos y chicas se pongan en contacto con sus emociones y se las puedan apropiar y compartir.


LA AUTOESTIMA: AQUELLO QUE NOS LASTIMAN OTROS Y PRETENDEN QUE ARREGLEMOS SOLOS

La autoestima es sentirse digno y capaz; digno de ser amado y feliz, capaz de afrontar los retos que la vida presente. Las raíces de la autoestima están en las emociones.

La base de la autoestima son las emociones reconocidas y aceptadas, ésta exige un espacio donde se puedan vivir y sentir las emociones, integrarlas, independientemente de cuáles sean. La autoestima radica en la autenticidad de los sentimientos propios y no en la posesión de determinadas cualidades, es el resultado de una buena competencia socio – emocional y afectiva, ya que la forma en que vivamos y manejemos las emociones, determina el concepto y la valoración que se hace de uno mismo, así como la cualidad de las relaciones interpersonales. Por lo tanto, cultivar y consolidar la autoestima exige cultivar y consolidar las capacidades emocionales y afectivas propias.

La autoestima nos lleva al respeto por uno mismo, que es la base del respeto por el otro, por lo tanto, ésta afecta a la relación que tenemos con nosotros mismos y con los demás. La autoestima es aquello que a arraigado en nuestro interior que nos ha venido de fuera; el otro debe ayudarnos a consolidarla o a repararla ya que no puede cultivarse o repararse ella sola. La vivencia emocional auténtica vehiculada a través de la relación con el otro es la que conduce a la autoestima y no al revés. La autoestima hay que abordarla paralelamente al desarrollo emocional.

SENTIR Y MANIFESTAR AFECTO

Se podrá sentir y manifestar afecto, comunicar y contagiar afecto, si se valora y se quiere lo que nos rodea. La meta última del desarrollo emocional no es conocer lo que soy, lo que siento o lo que me pasa,… es compartirlo (para comunicar y contagiar afecto,…). Nuestros proyectos deberían sustentarse en el terreno de las relaciones interpersonales, donde se puede compartir, que es básicamente comunicar en el sentido más amplio del término.

Comunicar es compartir los que uno es y siente con el objetivo de sentirse bien y hacer sentir bien a nuestros interlocutores. La comunicación es fuente de emociones y el acto de compartir es en sí mismo una emoción y a la vez una fuentes de emociones. La comunicación que favorece el desarrollo integral y el entendimiento entre las personas, es la comunicación de emociones, de sentimiento y de afecto, así como la expresión verbal y no verbal de amor o de estima.

La educación formal debería contemplar el llegar a comunicar afecto con una combinación singular y creativa de palabras, silencios y acciones, aspectos que piden tiempo y espacio.

LA EMOCIÓN ESTÁ EN EL CUERPO

Para que haya una afectividad bien consolidada es necesaria la existencia de comunicación. En la comunicación hay dos elementos que ejercen una función importante para reforzar los vínculos afectivos entre las personas: las emociones y el contacto directo.

La empatía es real cuando somos capaces de traducir lo que nos están diciendo en sensaciones que percibimos con nuestro cuerpo y que sentimos en él, por lo que se puede decir que entender y validar los pensamientos y sentimientos del otro por la vía cognitiva sólo, no dan lugar a la empatía. También se pude decir que hasta que no aparece la empatía, no empiezan a circular el afecto y la complicidad. La empatía es una capacidad socio – emocional con una dimensión biológico – corporal y una dimensión ética, se podría decir que es la capacidad de escuchar con el cuerpo y con el corazón además de con los oídos.

Disponemos de tres sistemas de información que se corresponden con tres formas de funcionamiento del cerebro humano; dos sistemas de tipo vivencial, basados en las emociones y en las sensaciones corporales, y un tercer sistema de tipo conceptual, basado en las cogniciones. La integración de estos tres sistemas acabará proporcionando una conducta adaptativa, saludable a nivel físico y psíquico.

MIRÁME, PERO TOCÁME

El contacto físico a la vez que una necesidad humana básica y universal es una fuente de emociones y de placer. El yo psíquico se forma y equilibra a partir del yo físico, y mediante la interacción de esos dos se alcanza la autoconciencia.

La falta de contacto corporal genera un malestar y una ansiedad inconsciente que a menudo se somatiza. Las caricias son necesarias, necesitamos caricias táctiles a lo largo de toda la vida, aunque la forma concreta que adopten puede ir variando en función de los cambios que se vayan produciendo a lo largo del proceso de crecimiento personal; el contacto físico con otras personas siempre es indispensable para una existencia física y psíquicamente sana.
La educación formal se ha preocupado por llenar las cabezas de conocimientos y se ha olvidado de formar personas capaces de compartir sus emociones y de utilizar el lenguaje corporal para expresar afecto y cariño. Somos seres emocionales y somos cuerpos. La educación debería plantearse el desarrollo integrado de los dos aspectos con una finalidad relacional y afectiva, y así reparar el déficit que posee.

EMOCIONES INDUCIDAS E IMPROPIAS

Las emociones que muchos experimentamos no son propias sino inducidas, a veces incluso impuestas por los grupos de pertenencia. Son emociones pautadas desde el exterior.

Emociones y fútbol

En el fútbol se dan situaciones que normalmente en la vida diaria no se dan, las personas expresan sus emociones sin ningún tipo de vergüenza, cosa que no ocurre en su vida personal. El hecho es que no son las emociones que realmente sienten las personas, sino el reflejo de otras emociones que se experimentan pero que no se permiten expresar fuera de estos contextos.

La enfermedad emocional no es el fútbol, sino que se convierte en la excusa perfecta para eludir la responsabilidad de nuestras emociones. Igual que con el fútbol pasa con la droga, se sustituyen éstas cosas por falta de emociones propias. Detrás de éste dejarse llevar por una emoción intensa, hay una falta de emociones personalmente vividas, como consecuencia de un modelos socio – cultural que ha optado por anestesiarlas.

Enraizados si, pero ¿cómo?

Enraizarse a la tierra y sentirla como propia es necesario; el territorio y la cultura afectan a mi modo de sentir, las emociones que pueden derivarse de la vinculación al lugar de nacimiento y al grupo de origen contribuyen a desarrollar mi sentido de pertenencia. Pero que éstas sean el motor y motivo de las emociones plantea problemas porque entonces la identidad personal se diluye en la colectiva y se puede acabar perdiendo.

El problema es que el sentimiento de pertenencia desemboque en un sentimiento de identidad contra, que supedita la felicidad personal a los éxitos colectivos y despierta la hostilidad contra los demás grupos.

Los nacionalismos que parecen ser más indicativos de una mala vivencia emocional son: los que fomentan actitudes bélicas hacia otros colectivos y ahogan la singularidad del individuo. Puede ser que éstos grupos estén configurados por individuos con una autoestima mermada y unas emociones desvirtuadas, que les lleva a que la identidad se la proporcione el grupo, las emociones se las proporciona el grupo, al precio de perder su singularidad y de enfrentarse a otros grupos.

Te acompaño en el sentimiento

El comportamiento que acostumbramos a tener en los entierros también pude ser debido a las emociones inducidas. A menudo la actitud de los más afectados deja traslucir una falta de capacidad para conectar con la realidad emocional que están viviendo. En nuestra sociedad, que estén serenos suele ser un motivo de admiración. La cuestión es que las personas afectadas tienen derecho a expresar su dolor, a derramar lágrimas, tanto en público como en privado.

Quizá no nos percatemos de lo que perdemos porque tal vez tampoco hemos sido capaces de darnos cuenta de que lo teníamos. En este caso se pondría de manifiesto que hemos perdido la capacidad de sentir y de expresar la belleza del contacto humano y el duelo que su pérdida nos produce.

CONDUCTAS VIOLENTAS

Detrás de las conductas violentas siempre hay un componente de naturaleza emocional. La violencia es una necesidad desesperada y desvirtuada de amor; una actitud violenta es una manera de expresar determinadas emociones y necesidades que no se saben transmitir de otro modo. La conducta violenta no siempre se dirige contra el mundo exterior, sino que puede volverse contra el propio sujeto.

Los daños de una agresión pueden ser tanto psíquicos como físicos, y que la violencia psíquica puede ser tanto o más nociva que la física, y a menudo pasa desapercibida.

Vivimos en una sociedad deshumanizada y deshumanizante, en la que no se nos permite ser como somos, ni sentir, así como tampoco nos permite admitir que somos seres necesitados de reconocimiento. En una sociedad donde el nivel de violencia cada vez es más elevado.

El componente emocional de la agresividad

Hay diferentes teorías que explican la agresividad. La teoría emocional (la más reciente) sitúa el origen de la agresividad en la falta de emociones o lo que es lo mismo, la incapacidad de otorgar una orientación vital constructiva.

La teoría innatista sitúa el origen de la agresividad en la ira, emoción que se encuentra por debajo de la agresividad. Es una de las emociones básicas que tiene por objeto proteger la integridad ante agresiones externas.

La teoría de la frustración – agresión establece que si le planteamos al sujeto retos que se encuentran por encima de sus capacidades y que le impidan sentirse competente, estaremos sembrando en él las semillas de la frustración que pueden desembocar en agresión. La frustración es la que se origina como consecuencia de anular la singularidad del individuo.

La teoría del aprendizaje social, si cuando el sujeto manifiesta conductas agresivas obtiene una atención y un reconocimiento (aunque sea negativo para él y que no consigue cuando realiza conductas adaptadas), tenderá a fijar dichas conductas agresivas, que son las que le proporcionan atención.

La teoría naturalista la herencia o la genética predisponen para desarrollar conductas agresivas, pero lo que determina en último término es el grado de frustración emocional que vamos acumulando a lo largo de nuestra experiencia vital.

Estrategias de intervención para prevenir la violencia

La educación de las emociones previene que la agresividad que hay en todo ser humano degenere en violencia; la educación emocional puede favorecer la vivencia de emociones.

La regulación de la agresividad exige la adquisición de habilidades socio – emocionales, éstas son una serie de conductas verbales y no verbales que requieren de un entrenamiento formal y se encaminan hacia el desarrollo de la competencia social.

La regulación de la agresividad también requiere que las personas tengamos un horizonte de sentido personal y colectivo de naturaleza ética. Entendida la ética como un proceso de construcción personal que conduce a una moral heterónoma sumisamente acatada a una moral autónoma responsablemente asumida, que trasciende a las evidencias subjetivas y apunta hacia valores universales o intersubjetivos.

INTELIGENCIA EMOCIONAL: UNA FORMA DE VIDA Y NO UN PERFIL

La inteligencia emocional no es un perfil que tengamos que cumplir, sino una forma de vida que debemos adoptar, teniendo el punto de mira en el proceso. Los perfiles tienen tendencias homogeneizadoras, y no contemplan la singularidad de los individuos.
A menudo al pensar en las características de una persona inteligente emocionalmente, caemos en la trampa de pensar que sólo hay una forma, y que cuando se consigue se acaba, sin embargo es un proceso que no se acaba nunca. Por ello es más apropiado señalar algunas de las actitudes que favorecen el desarrollo emocional sano. Un desarrollo emocional estimulante para que cada persona se llegue a inventar y hacer suyas las consignas con las que se encuentre más a gusto y pueda salirse de la mejor manera posible de todo aquello que le sucede

Sedúcete para seducir “Vivir y Educar las emociones” (6) Eva Bach y Pere Darder

LA FINALIDAD ÚLTIMA NO ES REGULAR

La finalidad de la educación emocional no es la de regular, si a menudo se piensa esto es porque al hablar de emociones solo se consideran en las emociones primarias o extremas.

 Uno de los objetivos de la regulación emocional es aprender a introducir una pausa para pensar la respuesta oportuna y evitar las reacciones impulsivas que pueden resultar dañinas para uno mismo o para los demás; pero esto no hay que hacerlo siempre. Sería conveniente enseñar a regular las emociones al autor de una agresión; podemos decir que en todo ser humano hay una agresividad natural, es esta la que hay que aprender a regular.

 La vivencia y la expresión emocional pueden causar malestar tanto por exceso como por defecto.

 ¿CUÁNDO CONVIENE REGULAR LAS EMOCIONES?

 Es necesario reconocer y expresar emociones para restablecer el equilibrio que las mismas alteran, pero esta expresión no se puede realizar de cualquier manera. La expresión emocional es disfuncional y puede causar problemas tanto por exceso como por defecto, para evitarlo hay que aprender a regular.

 Conviene regular las emociones cuando la reacción espontánea puede provocar conductas desadaptadas, desmesuradas o dañinas, de las que pueden derivarse problemas graves en la vida y en las relaciones. Entre la emoción y la acción hay que contemplar un espacio, que tendrá duración diferente en cada persona y que tiene por objetivo liberar la tensión emocional para facilitar a continuación la construcción de una respuesta adaptada, con la intervención conjunta de la emoción y la reflexión.

 Se entiende la emoción como un estimulo, interno o externo, que predispone o incita a la acción, y la conducta como la respuesta al estímulo. Se pueden establecer tres niveles diferentes de conducta: la primera, puede ser la conducta que da origen a la emoción(estímulo) o la que el individuo esta teniendo antes de la emoción (antes del estimulo; la segunda. Es la respuesta inmediata, no meditada, que a veces es impulsiva y perjudicial y que en otras ocasiones esta integrada a nivel neuronal. (impulsiva no es igual a inadecuada); la tercera, es una respuesta retardada, razonada. Entre el estímulo y la respuesta emocional se interpone una pausa, durante la cual se aplica alguna estrategia de regulación con la finalidad de recuperar el estado anímico habitual para realizar un valoración más serena de lo que ha pasado (sentimiento), así como para pensar las posibles respuestas y sus consecuencias. 

El sentido de la regulación emocional es prevenir los daños y las complicaciones que a veces pueden derivarse de determinadas respuestas impulsivas en las que no existe coordinación entre emoción y pensamiento.

 REGULAR NO SIGNIFICA REPRIMIR, NI PENSAR LA EMOCIÓN EN LUGAR DE SENTIRLA

 Regular las emociones no es intelectualizar lo que nos pasa, así como tampoco es reprimir. Se trata de que cada uno busque su nivel adaptativo, que será aquel que le depare mayor bienestar en su vida personal y social. 

Las emociones que pueden ser expresadas y vividas pueden convertirse en informaciones muy valiosas sobre la manera de ser y de sentir. Las emociones que no se viven ni se expresan en cambio, pueden ocasionar sensaciones imprecisas e intensas de malestar.

 La respuesta emocional debería producirse en los dominios de la regulación, consistiría en ser capaces de abrir una pausa entre el estímulo y la respuesta conductual. Esta pausa permite que aflore la parte asintáctica de lo que se esta sintiendo al lado de la analítica y reflexiva, y hace posible que se adquiera conciencia.

 Cuando una emoción de una cierta intensidad y con unas determinadas características irrumpe, se produce una tensión emocional que desencadena una tensión fisiológica. A raíz de esta tensión puede que se tengan dificultades en la coordinación emoción –razón, este es el momento de introducir la pausa; el objetivo de la misma es la aplicación de una o varias estrategias de regulación emocional, con el fin de provocar la respuesta y liberar así la tensión originada por la emoción. La aplicación de la estrategia adecuada conduce a la relajación, restaura el equilibrio alterado, y a partir de aquí  se esta en disposición de reflexionar sobre lo que ha pasado, para posteriormente construir el sentimiento y para encontrarnos en condiciones de dar una respuesta o conducta empática que favorezca la reconciliación con uno mismo y la convivencia armónica con los demás.

 Algunas de las estrategias de regulación que podemos utilizar durante la pausa para provocar la respuesta emocional son: Expresión verbal, catarsis, reestructuración cognitiva, técnicas de relajación, técnicas de expresión corporal, ejercicio físico, distracción, expresión artística, etc.

 ¿QUÉ SIGNIFICA REGULAR LAS EMOCIONES?

 Uno de los aspectos y funciones más destacables de regular las emociones es la de reconducir la vida hacia el mayor bienestar posible, induciendo a cambiar los esquemas emocionales disfuncionales que llevan hacia terrenos impracticables o hacia metas no deseadas por otros esquemas progresivamente más complejos y eficaces. Se trata de aprender hábitos nuevos de relación con uno mismo y con los demás.

 Regular las emociones significa: 1) entender la emoción como un estado cerebral que no siempre se puede vencer con la razón ni se puede superar de forma inmediata (vivir y experimentar las emociones propias); 2) tener en cuenta que el aprendizaje modifica la estructura y el funcionamiento del cerebro (el cerebro evoluciona durante toda la vida); 3)educar el cerebro para que, cuando sea necesario, interponga una pausa entre una emoción (estímulo) y la conducta que se deriva de ella (respuesta) (las emociones son lícitas, pero no todas las conductas que se derivan de ellas); 4) anticipar las posibles consecuencias de nuestras respuestas emocionales para valorar si somos capaces de asumirlas sin salir perjudicados (discernir lo que nos conviene de lo que no para salir de las situaciones que nos plantea la vida);5) crear nuevos significados, buscar una explicación racional lo más honesta y fidedigna posible que proporcione bienestar (puede ser expresándola verbalmente o mediante otro tipos de estrategias); 6) facilitar la integración lo más adaptativa, beneficiosa y integral posible de lo problemático, difícil o vulnerable (por un lado, identificar los propios puntos débiles y modificar los esquemas inservibles y, por otro lado, ensayar y entrenar nuevas respuestas).

  ¿CÓMO DEBEMOS REGULAR LAS EMOCIONES?

 Dos aspectos importantes a tener en cuenta en las distintas estrategias de regulación emocional: 1) las estrategias de regulación emocional cambian mucho en función de cada emoción, de cada momento y sobre todo de cada persona; 2) la reestructuración cognitiva, el cambio de la manera de pensar, puede ser una estrategia, pero no utilizando únicamente esta, por lo que se puede decir que cada una de ellas puede resultar eficaz si se aplican en su momento. Las emociones sólo fruto de lo que pensamos. Las estrategias de regulación emocional deben incluir estrategias que potencien la identificación, la liberación y la distensión de sensaciones fisiológicas o corporales, para llegar al cambio de la manera de pensar.

 ¿PENSAR SIEMPRE EN POSITIVO ES POSITIVO?

 Pensar en positivo incluye saber dar una orientación positiva a lo que nos rodea, por lo tanto debe incluir también el saber vivenciar y asumir los aspectos negativos de nuestra realidad.

 Pensar siempre en positivo no es positivo porque supone negar la realidad y suplantarla por fantasías, porque implica realizar un desgaste considerable de energías procurando cambiar la naturaleza de los hechos, porque los estados emocionales que están relacionados con el dolor, la frustración, la indignación, etc. normalmente no disminuyen con la modificación del pensamiento, porque la mayoría de las emociones pierden su carga dañina cuando permitirlos conocerlas y experimentarlas en nosotros mismos y porque pensar siempre en positivo puede llevarnos a pensar que somos invulnerables, cuando eso no es así.

 En determinados momentos la persona debería reclamar el derecho a sentirse desgraciada, ya que es precisamente en esa amargura donde la persona puede descubrir su fuerza transformadora y la capacidad de superación que posee. El pensamiento positivo será positivo cuando admita la debilidad del ser humano y empiece a partir de ella.

 EMOCIONES Y SALUD

 La definición de salud firmada por la OMS dice: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no la ausencia de malestar o enfermedad”. Por lo que no hay duda de que emociones y salud están interrelacionadas.

 ¿Hay emociones que nos enferman y emociones con poder curativo o preventivo?

 No se puede afirmar con rotundidad que las emociones tengan poder para enfermarnos o para curarnos. Las emociones y los síntomas físicos pueden ser vistos como desequilibradores para la persona, pero aún así su función es equilibradora. Crecemos y aprendemos a través de un proceso en que se suceden desequilibrios y equilibrios.

 Se puede responder afirmativamente a las preguntas de que las emociones no enferman y a que las emociones tienen poder preventivo y curativo, pero realizar este tipo de afirmaciones es peligroso, por lo que hay que matizarlas.

 Todas las emociones se sienten en el cuerpo, por lo que hay significados emocionales profundos que se convierten en síntomas. Emociones y síntomas son fuentes de información sobre uno mismo, cumplen una función reguladora y adaptativa si se atiende de forma integrada. Se puede decir que la enfermedad es el producto de un conjunto de factores (físicos, mentales, emocionales, ambientales, etc.) y que ninguno de estos puede ignorarse ni considerarse de forma aislada, ni todas sus causas son exógenas ni todas son endógenas; las emociones pueden considerarse factores de riesgo o factores con un determinado poder terapéutico, pero no las causas. No debemos culparnos por nuestras emociones y enfermedades; las emociones se somatizan pero tan disfuncional puede ser su expresión descontrolada como su inhibición sistemática. La postura saludable esta relacionada con el enfrentamiento y la autorregulación.

 En definitiva, una cuestión de valores

 La manera de abordar nuestras emociones y nuestros síntomas es una cuestión de valores o de principios personales. Valores y principios están muy relacionados, dependen de nuestra confianza en nosotros mismos, en los demás y en la vida, de nuestra capacidad de tolerancia a la frustración, etc.

Como con el dolor emocional, con el dolor como síntoma debemos aceptarlo y analizar que nos indica de nosotros. La enfermedad de nuestros tiempos es la enfermedad psíquica; que parece ser que está relacionada con la manera en que vive la persona, al igual que la enfermedad física.

Una pastilla y todo solucionado

Aunque algunas personas pueden necesitar ayuda farmacológica puntual, cada vez hay más indicios de que el hecho de superar una depresión por uno mismo establece y refuerza en el cerebro conexiones que antes no existían y que estimulan las sensaciones de bienestar. Los psicofármacos no pueden suplantar el crecimiento persona que debemos realizar cada uno por nuestra cuenta. Pero adoptar por una solución u otra, es al fin ya al cabo una cuestión de valores. 

Sedúcete para Seducir Eva Bach y Pere Darder “Vivir y educar las emociones” (5)

AL MAL TIEMPO, MALA CARA

 Hay que considerar las emociones como estados internos y externos al mismo tiempo, ya que uno de los mayores problemas es la disonancia entre el estado emocional interno y externo, entre lo que se siente y lo que se aparenta sentir o se deja translucir.

 Desde el punto de vista de la salud, las emociones son biológicamente adaptativas si se atienden en el momento que se producen y se expresan de la manera que les es propia. Para que la función adaptativa pueda tener lugar, hay que permitirse pasar por el proceso de aceptar, comprender y reorganizar la experiencia emocional, la cual no podemos completar sin la comprensión del otro, su interpelación, confirmación y punto de referencia externo que representa. El acercamiento al otro es origen y final en la construcción de la identidad personal.

 La congruencia entre la dimensión biológico – interna y social – externa es determinante para establecer unas relaciones interpersonales fundadas en la autenticidad y la integridad. En esta doble dimensión se dan emociones dirigidas a uno mismo (para descubrir quienes somos y para poder relacionarnos con los demás desde la honestidad) y emociones dirigidas a los demás (interacción social humana). En las primeras existe la vivencia y el conocimiento de las propias emociones, que conducen a la autoestima, a la regulación emocional y a la capacidad de automotivarse. Las segundas hacen referencia a la comprensión de las emociones de los demás, a la empatía, a las habilidades sociales y a las vivencias éticas, que nos permiten establecer vínculos emocionales enriquecedores. El otro al igual que actúa de estímulo, de apoyo, etc. a veces también ejerce de obstáculo.

 Decidirse a conocer y regular las emociones exige arriesgarse en la relación con los demás. A partir de ésta emergerá el desarrollo personal mutuo y la satisfacción vital compartida.

 CONDUCTISTAS, COGNITIVOS Y HUMANISTAS

 Para que se produzca una síntesis integradora entre emoción, pensamiento y acción, nos hace falta que la persona se ponga en contacto con lo que es y con lo que siente, y descubra lo que querría ser; que inicie un proceso continuo y permanente de construcción individual y colectiva; y que ejercite y asuma unos hábitos de comportamiento que lo lleven hacia una acción coherente, eficaz y comprometida.

El cognitivismo estudia los procesos de producción y procesamiento de la información consciente, pero se desentiende de los contenidos inconscientes subyacentes que los pueden conformar, distorsionar o interceptar. No contempla algunos de los componentes que integran los esquemas emocionales.

 La tradición humanista contempla las emociones como factor de reencuentro personal y de crecimiento humano, pero a esta dimensión de reencuentro personal conviene añadirle la de reencuentro con el otro que es la base del conocimiento de uno mismo y de la madurez emocional.

 TODAS LAS EMOCIONES SON NECESARIAS

La distinción que se hace entre emociones positivas y emociones negativas no significa que unas sean buenas y otras malas, sino que unas coinciden con nuestros objetivos y otras no.

 En lo que se refiere a su potencial constructivo y adaptativo, no hay distinción entre positivas y negativas. Las dos pueden ser positivas en ese sentido, por ello es preferible hablar de vivencia o integración positiva o negativa, adaptativa o desadaptativa de las emociones. Las emociones serán positivas o negativas en función lo que hagamos con ellas, de hecho todas las emociones pueden ser positivas si sabemos aprovechar las vivencias que se derivan de ellas; además todas las emociones son necesarias.

 No se pueden ni evitar ni prevenir las denominadas emociones negativas, lo que si se puede conseguir es minimizar sus efectos perjudiciales con entrenamiento. El mejor remedio para estas emociones es admitirlas y escuchar lo que nos están diciendo, para aprovechar su potencial y salir de ellas con competencia emocional más amplia y consistente, de esta manera podremos acompañar las del otro, así como desarrollar la empatía y la conciencia social.

 YO SOY ASÍ

 Esta es una frase que puede ser afortunada o no dependiendo del tono en el que se diga y del mensaje implícito que conlleve.

Se pronuncia desde el paradigma de la independencia, surge después de haber estado años acatando las normas que vienen desde fuera, es entonces cuando se produce la rebelión de los yoes. El problema reside en que las personas se queden en esta fase, entonces es negativo por que puede significar que nos resignamos a ser como somos, es decir, ya no hay posibilidad de cambio, de evolución; o porque puede querer decir que el otro nos tiene que aguantar tanto si le gusta como somos, como si no, de esta manera se representa una falta de consideración hacia uno mismo y hacia los demás.

 Yo soy así puede sonar bien cuando se dice en un tono de humor o de humildad que indica la aceptación de lo que se es y la reconciliación con uno mismo. Es importante establecer distinción entre el modo de ser y el modo de comportamiento. Actuar de una determinada manera en un momento puntual no significa que una persona sea siempre así.

¡QUÉ MIEDO!

 En el momento de conocer nuestras emociones el obstáculo con el que nos podemos encontrar es el miedo.

 El miedo la primera resistencia que se encuentra la educación de las emociones, es la resistencia al cambio. Para educarnos y reeducarnos emocionalmente, tenemos que estar dispuestos a cuestionarnos cosas cada día, a tener que realizar cambios de rumbo, etc.

 El miedo al dolor puede bloquear las emociones y en consecuencia las acciones, este bloqueo puede llegar a ser más perjudicial que el dolor del que se intenta huir. El miedo es la emoción básica que nos rige y domina, la qué a veces nos la permitimos y cierra el paso a otras emociones. Nos da miedo descubrir nuestra necesidad del otro. Por miedo a nuestra parte biológica e instintiva, hemos cultivado solo nuestra parte racional.

 Las emociones no son un peligro, son un potencial por desplegar, son indicadores, informaciones, recursos, oportunidades… y además son inevitables. 

Sedúcete para seducir, “vivir y educar las emociones” (4) Eva Bach y Pere Darder

Lo primero de todo pedir disculpas por el silencio habido desde junio, primero fueron las vacaciones, después los sanfermines y después el ingreso en el hospital de dos familiares, ahora la cosa está mejor e intentaré escribir con más asiduidad, si bien el verano no es la mejor época pues pasamos menos horas en casa.

LA NEUROBIOLOGÍA COMO FUNDAMENTO

La educación de las emociones debe inscribirse en un marco de referencia biológico, psico – social y ético. Es necesario que la ciencia y el humanismo emprendan una tarea conjunta, precisar el sentido que se debería dar a la ciencia.

A la hora de fundamentar la acción pedagógica es necesario tener en cuenta lo que la neurociencia nos dice, se trata de establecer una interconexión entre los aspectos biológicos y los éticos o sociales.

La existencia de personas que tienen una vida personal y social desastrosa, no presentando deficiencias cerebrales estructurales, puede llevarnos a pensar que es el desconocimiento de las emociones y los malos hábitos emocionales que se han derivado de ello, son una de las causas principales de los problemas vitales/psicológicos. Educar las emociones, conocer qué son y qué función cumplen en la vida es imprescindible para incrementar la integración y la satisfacción vital de cada individuo, así como el bienestar, la cohesión y la evolución del colectivo social.

¿QUÉ SON LAS EMOCIONES?

LeDoux define de la siguiente manera las emociones: “Nuestras emociones no son estados fríos e inertes de la mente, sino que están rellenos de sangre, sudor y lágrimas” Cuando las define de esta manera se esta refiriendo a una serie de componentes internos y subjetivos de la emoción: por un lado, la parte energética, involuntaria y primaria que hay en la emoción y por el otro, el esfuerzo racional y voluntario que supone conocerlas, integrarlas y ponerlas al servicio del proyecto vital, en tercer lugar, el estímulo regulador que representan y la función adaptativa que cumplen.

Las emociones son una respuesta personal y singular a los sucesos significativos de la vida. En una emoción siempre se puede encontrar un componente natural o innato y otro aprendido o adquirido. Las emociones de las personas generan esquemas emocionales; éstos son una síntesis interna organizada y compleja de la experiencia emocional. Ésta síntesis contiene el repertorio de respuestas innatas de la especie humana y el repertorio de respuestas adquiridas a partir de las experiencias vividas. La emoción es biología y es aprendizaje, etc.Las emociones además también poseen los tres elementos propuestos por Lang: Cognitivo, fisiológico y conductual.

La emoción es el resultado de la relación personal y subjetiva de cada individuo con los demás y con la realidad que le rodea; esta relación estará determinada por sus primeras experiencias emocionales, por lo que éstas afectaran a las futuras vivencias así como a las nuevas emociones.

UNA EMOCIÓN: MÁS QUE UNA COGNICIÓN Y QUE UN SENTIMIENTO

Aunque a menudo los términos de sentimiento y emoción se utilizan indistintamente existen diferenciad. El término emoción alcanza el proceso completo y engloba el componente fisiológico – corporal, el evaluativo – cognitivo y el conductual – social, mientras que el término sentimiento se refiere sólo al componente valorativo – cognitivo. Se podría decir que un sentimiento es una emoción hecha consciente.

La valoración cognitiva que realizamos de un suceso determina la emoción que se deriva del mismo, esta valoración a su vez, esta determinada por las vivencias y esquemas emocionales previos; la evaluación que se realiza de la emoción no siempre es consciente, lo que significa que muchas cosas las realizamos atendiendo a motivaciones y razones de las que no somos conscientes; la emoción es más que cognición y más que sentimiento.

Toda cognición tiene una base afectiva y se realiza de manera afectiva. Los pensamientos que repercuten sobre las emociones están previamente afectados por el bagaje emocional que se ha ido acumulando; por lo que el pensamiento no es el resultado de procesos exclusivamente cognitivos, sino de procesos de naturaleza emocional y cognitiva a la vez. No se puede separar el binomio emoción/razón, nos dirigen las emociones y por eso es tan importante que conozcamos al máximo nuestro registro emocional.

¿QUÉ SIGNIFICA CONOCER LAS PROPIAS EMOCIONES?

Si no se viven las emociones no se pueden llegar nunca a conocer, y sin compartirlas tampoco. Conocer las propias emociones significa: Conocer las causas de las propias emociones, descubrir las necesidades vitales básicas y las metas o expectativas que hay detrás de una emoción, analizar la funcionalidad de los esquemas emocionales con los que nos afrontamos a los acontecimientos de la vida e identificar, reconocer y poner un nombre a las emociones que tenemos. No basta con reducir el conocimiento de las emociones a este último punto, ya que sería una actividad meramente cognitiva.

Conocer las emociones nos puede dar la capacidad de influencia sobre nuestras respuestas emocionales y conductuales, acercarnos a la autonomía personal. Cuanto más conozcamos de nosotros mismos, más fácil será aceptar y regular lo que es innato, y modificar y ampliar lo que es adquirido.

Conocer las propias emociones es un paso previo para llegar a regularlas. Al tomar conciencia de la emoción que se experimenta, es más fácil para afrontarla adoptar estrategias que favorezcan el proyecto vital. 

Sedúcete para seducir “Vivir y educar las emociones” (3)Eva Bach y Pere Darder

¿UN TIEMPO PARA CADA EMOCIÓN Y CADA EMOCIÓN A SU TIEMPO?

La respuesta a la pregunta, un tiempo para cada emoción y cada emoción a su tiempo, puede ser si o no. Si, si se quiere decir que todas las emociones tienen que poder vivirse y expresarse y que deben hacerlo cuando se están viviendo y sintiendo. No, si se quiere decir que existe un tiempo y un espacio apropiado para cada emoción. Que las emociones puedan ser expresadas en el momento en que se viven, no significa que la educación de las emociones no eduque en aspectos como, aprender a discernir en que ocasiones conviene introducir pausas entre la emoción y la respuesta que se deriva de ella para evitar ciertos riesgos que podrían comportar acostumbrarnos a reaccionar en el momento que aparece la emoción. Conviene recurrir a la dimensión cognitiva cuando la emoción nos impulsa a actuar, y decidir si estamos en condiciones de acierto o es mejor que esperemos.
La educación de las emociones debe sustentarse en que la educación y el desarrollo afectivo – emocional son procesos permanentes que necesitan desequilibrios más o menos periódicos y temporales para favorecer equilibrios más sólidos y consistentes sucesivamente. El fracaso entendido como un período que genera desequilibrio puede ser formativo, en éste la persona puede descubrir sus limitaciones así como sus capacidades de resistencia y de superación.

PREVENIR NO SIEMPRE ES MEJOR QUE CURAR

La educación emocional como prevención tendría sentido, en primer lugar, para garantizar el respeto y la dignidad del otro, en segundo lugar, para garantizar la dignidad de uno mismo y evitar adicciones, y por último, para prevenirnos de que no todo se puede prevenir. La educación de las emociones no tendría que ser una prevención hacia todo lo que todavía no ha ocurrido pero podría suceder, sino que la educación de las emociones es una orientación hacia, para afrontar la vida.

APRENDER A DESAPRENDER

Aprender a vivir las emociones no es una tarea fácil, la sociedad y la educación han lastimado nuestra capacidad emocional, por ello conviene que las personas aprendamos a desprendernos de las incapacidades aprendidas y volver a aprender capacidades nuevas, o mejor dicho deberíamos curarlas. Es necesario que se vayan dejando atrás las resistencias que nos impiden un compromiso real con nosotros mimos y con los demás.

Sedúcete para seducir “Vivir y educar las emociones” (2) Eva Bach y Pere Darder

 

Las entradas que voy haciendo sobre el libro Sedúcete para seducir, son un trabajo que hice sobre el mismo para la asignatura de Psicopatología de la vida cotidiana cuando hice trabajo social.

SIN EMOCIONES NO HAY CAMBIO Y SIN CAMBIO NO HAY EVOLUCIÓN

El punto de partida y de llegada de una emoción siempre es algún tipo de cambio. Las emociones siempre derivan en sucesos externos o internos significativos y normalmente conllevan algún tipo de cambio en nuestra vida. Sin emociones no hay cambio, y sin cambio no hay evolución. Todo cambio produce perturbaciones, es por ello por lo que muchas veces tenemos miedo al cambio, y éste es el que nos produce quedarnos paralizados. El miedo a cambiar intrínsecamente, muchas veces nos lleva a cambiar todo lo de nuestro alrededor, lo que puede conducir a actitudes individualistas o corporativistas. Si el cambio fuera entendido como un estímulo que altera temporalmente el equilibrio, pero que representa su vez una oportunidad de producir un equilibrio mayor, no sería tan temido por los malestares, temores, etc. que genera. En esta sociedad lo que más urge es cambiar la resistencia al cambio, ya que la resistencia continua al tiempo genera más sufrimiento.

Para madurar y avanzar necesitamos el estímulo que representan las emociones, éstas nos revelan, al tiempo que nos alertan y orientan, por lo tanto cumplen una función biológica, reguladora y adaptativa, para la evolución del individuo y de la especie humana.

A PASAR POR LA PIEDRA

Hay ocasiones en que es necesario aceptar el sufrimiento y afrontarlo con una actitud lo más constructiva posible. Las experiencias negativas pueden servirnos para informarnos sobre los aspectos que no funcionan en nosotros, por lo tanto, éstas nos impulsan a revisar y superar dichos aspectos, así como para demostrar que hay cosas que no pueden ser como desearíamos que fueran, por lo que debemos aceptarlas y adaptarnos a ellas del mejor modo posible. El placer y el dolor son dos mecanismos complementarios e imprescindibles para garantizar la supervivencia y la evolución. Gracias a los sentimientos podemos establecer vínculos con el mundo y con las personas que nos rodean.

APLICACIÓN DEL CONSTRUCTIVISMO AL DESARROLLO EMOCIONAL

Una emoción a veces puede ser un estímulo desequilibrador, ante este estímulo puede darse el caso de que la persona disponga de la respuesta adecuada o no. Si la respuesta es adecuada se produce la asimilación, es decir, se incorpora la vivencia a los esquemas de funcionamiento que ya se poseen; la asimilación aplica pautas de respuesta ya conocidas. En el caso contrario, es decir, cuando no se poseen las respuestas adecuadas, se tiene que producir la acomodación, como las pautas conocidas ya no sirven habrá que modificarlas y crear otras nuevas; las nuevas experiencias crean sipnasis nuevas, y estas generan placer. Acomodación y asimilación son dos mecanismo necesarios y complementarios, estos dos mecanismos tienen una finalidad adaptativa, se aplican para restablecer el equilibrio inicialmente alterado, asimismo los dos son madurativos.

LOS PADRES LOS PRIMEROS (PERO LA ESCUELA TIENE MUCHO QUE DECIR Y HACER)

El autoconcepto y la autoestima predisponen al éxito o al fracaso en la vida y en las relaciones, ambos están muy relacionados con la vivencia y la no vivencia de las propias emociones, así como con las consecuencias que se derivan de ellos. Estos dos conceptos se empiezan a forjar en la vida familiar, las primeras experiencias emocionales se tienen en el seno de la familia y marcan la afectividad de las personas. Este procese que es realizado en la familia, es muy importante por la manera en que los padres viven sus propias emociones, por la sensibilidad que demuestran para favorecer las tendencias del niño y por la capacidad para orientarlos hacia formas de vida y de relación. Que los padres sean los primeros no significa que la escuela deba desentenderse de la educación de las emociones.

La manera en que nos comportamos y nos relacionamos con el entorno y con los demás dependen del autoconcepto y de la autoestima, y estos dos a su vez dependen del impacto emocional de los mensajes que se han ido recibiendo del entorno, familia, escuela, etc. Los mensajes que recibimos no contemplan los sentimientos íntimos de cada persona, esto produce un alejamiento progresivo de cada uno respecto a si mismo y a su mundo emocional. Una de las finalidades de la educación de las emociones es favorecer el mundo íntimo, propiciar la búsqueda, reacción y experimentación de vías alternativas.

Sedúcete para seducir, “vivir y educar las emociones” (1) Eva Bach y Pere Darder

VIVE LA EMOCIÓN

ANTE TODO, LA VIDA

En la historia, la educación se ha desconectado de las emociones, cuando éstas deberían ser el impulso para el desarrollo de la persona. Se puede decir que hace falta una nueva renovación pedagógica, es decir, que en la educación empiecen a tomar parte las emociones sin dejar a parte el bagaje de los contenidos adquiridos hasta el momento. Estamos en una sociedad donde cada vez hay más individualismo, tragedias, violencia, depresiones, etc. La educación para la vida no consiste en remediar estos hechos, sino en promover el modo de concebir la educación y los aspectos que la justifican: la dignidad y la felicidad humana. La persona emocionalmente inteligente sabe crear su propio proyecto de vida, concibe ésta de una forma realista y consciente, sabiendo lo que está al alcance de sus manos y lo que no. Esto no implica que la persona haya de desprenderse de sus ideales, hay que luchar por ellos, son los que nos hacen sentir vivos y son el motor de crecimiento de las personas y los pueblos.

La persona que apunta por una integración emoción – razón vive para conocer, convierte su vivencia en conocimiento; en este proceso se deja guiar por sus emociones y asume los retos y dificultades que se le plantean, viéndolos como oportunidades para desarrollar habilidades nuevas, confía en la capacidad transformadora de lo que pasa. Las emociones se viven, lo que significa sentirlas en el interior; educar emocionalmente es plantear situaciones de vida y crear un clima que facilite la conversión de las vivencias en aprendizaje, por lo que las mejores oportunidades para el desarrollo son las que nos proporciona la vida. Todo esto significa que la educación debe ser educación por la vida.

 EMOCIONARSE PARA EMOCIONAR

Para poder emocionar a otras personas es muy importante emocionarnos, es decir, emocionarnos y emocionar con las emociones, dejarnos seducir primero para ser capaces de seducir después. Para conseguir despertar estas sensibilidades es imprescindible hacer dos cosas, por un lado, es importante que nos aseguremos de que las iniciativas que empecemos relacionadas con las emociones dejen entrever un fondo emocional rico y consistente; esto se puede realizar mediante las palabras, gestos, miradas, tono de voz, etc. Es tan necesario mostrar la seguridad como la inseguridad. Esto se puede transmitir si la actitud externa esta sintonizada con la emotividad interna, siendo ésta consciente, responsable y cuidadosa. Por otro lado, conviene cultivar el mundo de la interioridad donde se propicie el contacto humano, el compartir. Se trata de crear espacios que favorezcan las relaciones humanas.

¿QUÉ SIGNIFICADO TIENE VIVIR LAS EMOCIONES?

La emoción nos pone en contacto con la relación que tenemos con la realidad, nos proporciona información para nuestro autoconocimiento y madurez, por lo que vivir nuestras emociones es ponerse en disposición de aprender. Sentir y expresar las emociones significa sumergirse en ellas para aprovechar el poder protector y orientador que tienen. Es necesario conjugar emoción y cognición para hacer posible la integración progresiva de todas las dimensiones del ser humano. Los problemas se sitúan más en la esfera afectiva que en la cognitiva; lo que nos vincula con la realidad es la emoción, ésta representa un impulso que nos mueva hacia ideales y formas de vida satisfactorias.

Confiar en la vida significa dejar que la vida haga por mi, al tiempo que también significa actuar, arriesgarse a hacer, ya que no existe evolución sin acción, ésta implica interacción con los demás. Para identificarnos con nuestras emociones por un lado necesitamos silencio y quietud interior, y por otro, interacción con los demás y con el mundo. Vivir las emociones nos sirve para reconciliarnos con nuestra humanidad.

El conocimiento y la afectividad o emoción son necesarias; analizar los pensamientos que ocurren alrededor de nuestras emociones debería ser un paso posterior a la vivencia, ya que las explicaciones bloquean la conexión con la emoción primaria y esto puede conducir a un malestar indefinido. La única manera de que la emoción conecte con los esquemas emocionales que la originan, con las necesidades vitales y con los ideales, es que nos las dejen sentir mientras las estamos viviendo.