Pensamientos, dudas…¿qué hacer?

Hola, hace tiempo que no escribo… desde hace un tiempo 1 de Julio ya he vuelto a mi puesto de trabajo… aunque cambiando de horario para no estar sometida al estrés que estaba antes de que me diera aquel accidente cerebrovascular, durante el tiempo que he estado de baja, yo he solicitado y los especialistas consideraban que era bueno que cambiara de puesto para mi salud mental y física… Ahora me encuentro bien de nuevo… pero me acabo de enterar que el puesto que yo quería en otro programa de la misma empresa ha quedado vacante porque han despedido a una persona… es un puesto para trabajar de manera ambulatoria con drogodependientes, consulta individual, hasta ahora yo he trabajado en consulta grupal…

Por un lado me apetece mucho cambiar pero por otro me surgen miedos… lo consultaré con la almohada…

“Sedúcete para seducir” (7) Eva Bach y Pere Darder

CULTIVA UN ESTILO AFECTIVO PROPIO
EMOCIÓNATE A TU MANERA

Uno de los objetivos de la educación de las emociones debería ser desarrollar un estilo afectivo propio, se trata de articular de forma adecuada pensamiento y emoción para potenciar la sensibilidad y la creatividad personal.

El aprendizaje significativo es aquel que se fundamenta en las emociones; el impacto emocional que un mismo suceso causa en dos sujetos diferentes será distinto, por lo tanto, tampoco lo serán las respuestas emocionales, ni los estímulos concretos los que harán crecer y evolucionar.

La creatividad es una facultad de la inteligencia que, conjugando emoción y pensamiento, se convierte en un instrumento de construcción personal dirigida a planificar los estilos de vida fuera de los habituales; esta nos conduce a elegir las formas de actuación y de relación que nos pueden ayudar a salir mejor parados de las situaciones que plantea la vida. Tanto desde la familia como desde la escuela se tienen que proporcionar oportunidades para que los chicos y chicas se pongan en contacto con sus emociones y se las puedan apropiar y compartir.


LA AUTOESTIMA: AQUELLO QUE NOS LASTIMAN OTROS Y PRETENDEN QUE ARREGLEMOS SOLOS

La autoestima es sentirse digno y capaz; digno de ser amado y feliz, capaz de afrontar los retos que la vida presente. Las raíces de la autoestima están en las emociones.

La base de la autoestima son las emociones reconocidas y aceptadas, ésta exige un espacio donde se puedan vivir y sentir las emociones, integrarlas, independientemente de cuáles sean. La autoestima radica en la autenticidad de los sentimientos propios y no en la posesión de determinadas cualidades, es el resultado de una buena competencia socio – emocional y afectiva, ya que la forma en que vivamos y manejemos las emociones, determina el concepto y la valoración que se hace de uno mismo, así como la cualidad de las relaciones interpersonales. Por lo tanto, cultivar y consolidar la autoestima exige cultivar y consolidar las capacidades emocionales y afectivas propias.

La autoestima nos lleva al respeto por uno mismo, que es la base del respeto por el otro, por lo tanto, ésta afecta a la relación que tenemos con nosotros mismos y con los demás. La autoestima es aquello que a arraigado en nuestro interior que nos ha venido de fuera; el otro debe ayudarnos a consolidarla o a repararla ya que no puede cultivarse o repararse ella sola. La vivencia emocional auténtica vehiculada a través de la relación con el otro es la que conduce a la autoestima y no al revés. La autoestima hay que abordarla paralelamente al desarrollo emocional.

SENTIR Y MANIFESTAR AFECTO

Se podrá sentir y manifestar afecto, comunicar y contagiar afecto, si se valora y se quiere lo que nos rodea. La meta última del desarrollo emocional no es conocer lo que soy, lo que siento o lo que me pasa,… es compartirlo (para comunicar y contagiar afecto,…). Nuestros proyectos deberían sustentarse en el terreno de las relaciones interpersonales, donde se puede compartir, que es básicamente comunicar en el sentido más amplio del término.

Comunicar es compartir los que uno es y siente con el objetivo de sentirse bien y hacer sentir bien a nuestros interlocutores. La comunicación es fuente de emociones y el acto de compartir es en sí mismo una emoción y a la vez una fuentes de emociones. La comunicación que favorece el desarrollo integral y el entendimiento entre las personas, es la comunicación de emociones, de sentimiento y de afecto, así como la expresión verbal y no verbal de amor o de estima.

La educación formal debería contemplar el llegar a comunicar afecto con una combinación singular y creativa de palabras, silencios y acciones, aspectos que piden tiempo y espacio.

LA EMOCIÓN ESTÁ EN EL CUERPO

Para que haya una afectividad bien consolidada es necesaria la existencia de comunicación. En la comunicación hay dos elementos que ejercen una función importante para reforzar los vínculos afectivos entre las personas: las emociones y el contacto directo.

La empatía es real cuando somos capaces de traducir lo que nos están diciendo en sensaciones que percibimos con nuestro cuerpo y que sentimos en él, por lo que se puede decir que entender y validar los pensamientos y sentimientos del otro por la vía cognitiva sólo, no dan lugar a la empatía. También se pude decir que hasta que no aparece la empatía, no empiezan a circular el afecto y la complicidad. La empatía es una capacidad socio – emocional con una dimensión biológico – corporal y una dimensión ética, se podría decir que es la capacidad de escuchar con el cuerpo y con el corazón además de con los oídos.

Disponemos de tres sistemas de información que se corresponden con tres formas de funcionamiento del cerebro humano; dos sistemas de tipo vivencial, basados en las emociones y en las sensaciones corporales, y un tercer sistema de tipo conceptual, basado en las cogniciones. La integración de estos tres sistemas acabará proporcionando una conducta adaptativa, saludable a nivel físico y psíquico.

MIRÁME, PERO TOCÁME

El contacto físico a la vez que una necesidad humana básica y universal es una fuente de emociones y de placer. El yo psíquico se forma y equilibra a partir del yo físico, y mediante la interacción de esos dos se alcanza la autoconciencia.

La falta de contacto corporal genera un malestar y una ansiedad inconsciente que a menudo se somatiza. Las caricias son necesarias, necesitamos caricias táctiles a lo largo de toda la vida, aunque la forma concreta que adopten puede ir variando en función de los cambios que se vayan produciendo a lo largo del proceso de crecimiento personal; el contacto físico con otras personas siempre es indispensable para una existencia física y psíquicamente sana.
La educación formal se ha preocupado por llenar las cabezas de conocimientos y se ha olvidado de formar personas capaces de compartir sus emociones y de utilizar el lenguaje corporal para expresar afecto y cariño. Somos seres emocionales y somos cuerpos. La educación debería plantearse el desarrollo integrado de los dos aspectos con una finalidad relacional y afectiva, y así reparar el déficit que posee.

EMOCIONES INDUCIDAS E IMPROPIAS

Las emociones que muchos experimentamos no son propias sino inducidas, a veces incluso impuestas por los grupos de pertenencia. Son emociones pautadas desde el exterior.

Emociones y fútbol

En el fútbol se dan situaciones que normalmente en la vida diaria no se dan, las personas expresan sus emociones sin ningún tipo de vergüenza, cosa que no ocurre en su vida personal. El hecho es que no son las emociones que realmente sienten las personas, sino el reflejo de otras emociones que se experimentan pero que no se permiten expresar fuera de estos contextos.

La enfermedad emocional no es el fútbol, sino que se convierte en la excusa perfecta para eludir la responsabilidad de nuestras emociones. Igual que con el fútbol pasa con la droga, se sustituyen éstas cosas por falta de emociones propias. Detrás de éste dejarse llevar por una emoción intensa, hay una falta de emociones personalmente vividas, como consecuencia de un modelos socio – cultural que ha optado por anestesiarlas.

Enraizados si, pero ¿cómo?

Enraizarse a la tierra y sentirla como propia es necesario; el territorio y la cultura afectan a mi modo de sentir, las emociones que pueden derivarse de la vinculación al lugar de nacimiento y al grupo de origen contribuyen a desarrollar mi sentido de pertenencia. Pero que éstas sean el motor y motivo de las emociones plantea problemas porque entonces la identidad personal se diluye en la colectiva y se puede acabar perdiendo.

El problema es que el sentimiento de pertenencia desemboque en un sentimiento de identidad contra, que supedita la felicidad personal a los éxitos colectivos y despierta la hostilidad contra los demás grupos.

Los nacionalismos que parecen ser más indicativos de una mala vivencia emocional son: los que fomentan actitudes bélicas hacia otros colectivos y ahogan la singularidad del individuo. Puede ser que éstos grupos estén configurados por individuos con una autoestima mermada y unas emociones desvirtuadas, que les lleva a que la identidad se la proporcione el grupo, las emociones se las proporciona el grupo, al precio de perder su singularidad y de enfrentarse a otros grupos.

Te acompaño en el sentimiento

El comportamiento que acostumbramos a tener en los entierros también pude ser debido a las emociones inducidas. A menudo la actitud de los más afectados deja traslucir una falta de capacidad para conectar con la realidad emocional que están viviendo. En nuestra sociedad, que estén serenos suele ser un motivo de admiración. La cuestión es que las personas afectadas tienen derecho a expresar su dolor, a derramar lágrimas, tanto en público como en privado.

Quizá no nos percatemos de lo que perdemos porque tal vez tampoco hemos sido capaces de darnos cuenta de que lo teníamos. En este caso se pondría de manifiesto que hemos perdido la capacidad de sentir y de expresar la belleza del contacto humano y el duelo que su pérdida nos produce.

CONDUCTAS VIOLENTAS

Detrás de las conductas violentas siempre hay un componente de naturaleza emocional. La violencia es una necesidad desesperada y desvirtuada de amor; una actitud violenta es una manera de expresar determinadas emociones y necesidades que no se saben transmitir de otro modo. La conducta violenta no siempre se dirige contra el mundo exterior, sino que puede volverse contra el propio sujeto.

Los daños de una agresión pueden ser tanto psíquicos como físicos, y que la violencia psíquica puede ser tanto o más nociva que la física, y a menudo pasa desapercibida.

Vivimos en una sociedad deshumanizada y deshumanizante, en la que no se nos permite ser como somos, ni sentir, así como tampoco nos permite admitir que somos seres necesitados de reconocimiento. En una sociedad donde el nivel de violencia cada vez es más elevado.

El componente emocional de la agresividad

Hay diferentes teorías que explican la agresividad. La teoría emocional (la más reciente) sitúa el origen de la agresividad en la falta de emociones o lo que es lo mismo, la incapacidad de otorgar una orientación vital constructiva.

La teoría innatista sitúa el origen de la agresividad en la ira, emoción que se encuentra por debajo de la agresividad. Es una de las emociones básicas que tiene por objeto proteger la integridad ante agresiones externas.

La teoría de la frustración – agresión establece que si le planteamos al sujeto retos que se encuentran por encima de sus capacidades y que le impidan sentirse competente, estaremos sembrando en él las semillas de la frustración que pueden desembocar en agresión. La frustración es la que se origina como consecuencia de anular la singularidad del individuo.

La teoría del aprendizaje social, si cuando el sujeto manifiesta conductas agresivas obtiene una atención y un reconocimiento (aunque sea negativo para él y que no consigue cuando realiza conductas adaptadas), tenderá a fijar dichas conductas agresivas, que son las que le proporcionan atención.

La teoría naturalista la herencia o la genética predisponen para desarrollar conductas agresivas, pero lo que determina en último término es el grado de frustración emocional que vamos acumulando a lo largo de nuestra experiencia vital.

Estrategias de intervención para prevenir la violencia

La educación de las emociones previene que la agresividad que hay en todo ser humano degenere en violencia; la educación emocional puede favorecer la vivencia de emociones.

La regulación de la agresividad exige la adquisición de habilidades socio – emocionales, éstas son una serie de conductas verbales y no verbales que requieren de un entrenamiento formal y se encaminan hacia el desarrollo de la competencia social.

La regulación de la agresividad también requiere que las personas tengamos un horizonte de sentido personal y colectivo de naturaleza ética. Entendida la ética como un proceso de construcción personal que conduce a una moral heterónoma sumisamente acatada a una moral autónoma responsablemente asumida, que trasciende a las evidencias subjetivas y apunta hacia valores universales o intersubjetivos.

INTELIGENCIA EMOCIONAL: UNA FORMA DE VIDA Y NO UN PERFIL

La inteligencia emocional no es un perfil que tengamos que cumplir, sino una forma de vida que debemos adoptar, teniendo el punto de mira en el proceso. Los perfiles tienen tendencias homogeneizadoras, y no contemplan la singularidad de los individuos.
A menudo al pensar en las características de una persona inteligente emocionalmente, caemos en la trampa de pensar que sólo hay una forma, y que cuando se consigue se acaba, sin embargo es un proceso que no se acaba nunca. Por ello es más apropiado señalar algunas de las actitudes que favorecen el desarrollo emocional sano. Un desarrollo emocional estimulante para que cada persona se llegue a inventar y hacer suyas las consignas con las que se encuentre más a gusto y pueda salirse de la mejor manera posible de todo aquello que le sucede

Sobre la Felicidad

Hace unos días Txoni3 desde su blog “El deseo de la palabra”, me dedicó un Meme sobre la felicidad, me sorprendió, no lo voy negar, ahora estoy emergiendo, pero he pasado por un momento bajo de salud (quién me conoce ya sabe por qué), cuando me encontré con esté de meme de la felicidad me dió mucha ilusión, gracias de corazón…

Yo tengo dos blogs, este y el “Cosas de la vida – Bizitzak dituen gauzak”, ambos con el mismo contenido, por lo tanto pongo el mismo MEME en los dos…

La felicidad para mi no es un fin, sino que es un camino, como en las filosofías orientales, el camino de la vida el ser capaz de disfrutar de cada momento, sentir, vivir, sea los momentos bajos o altos, disfrutar de las pequeñas cosas de la vida,… de las que te vas encontrando en ese camino y no ansiando las que luego llegarán, sino las que tenemos en cada momento…

* Escuchar una agradable canción

* Pasear, y dejarme sorprender por una flor, un rayo de sol, una forma de las nubes,

* Ver el atardecer, el amanecer…

* Estar con mi pareja en una tarde de otoño, primavera, verano, invierno

* Viajar, cuando me surge,…

* Una charla con los amigos/as

* Ver las caritas bonitas de los trillizos de mi amiga de dos mesicos,,… !qué bonitos!

*  Y dejándome sorprender por lo que en cada momento ocurre…

Después de decir, diferentes aspectos que para mi son importantes para pasear por el camino de la felicidad, dejo las reglas del Meme, jajaj, las he leído después de escribi lo que me hace feliz, jaja.. Las reglas del meme son:

  1. Escribir seis cosas sin importancia que nos hagan felices
  2. Poner el enlace de la persona que nos ha elegido
  3. Poner las reglas en el blog
  4. Elegir seis personas para continuar el desafío
  5. Avisar a estas personas y dejar un comentario en su blog

Ahora me toca, elegir a seis personas para continuar, díficil cuestión pero ahí va…

A Txoty por El Mundo de los Peks”

A Vitore por “Vayan pasando”

A Juls por “Lo que otros dicen”

A Eloy BLQ por “Descubriendo Mundos”

A Quique por “Educador Social en Alaska”

A “Educador Social de Menores”

El derecho al Delirio (Eduardo Galeano)

Hoy, simplemente quería dejaros este vídeo, “El derecho al delirio”, ójala todos estos delirios un día fueran realidad…., se consiguieran los verdaderos derechos humanos, y no llenarnos la boca con los mismos… ójala…

Sedúcete para seducir “Vivir y Educar las emociones” (6) Eva Bach y Pere Darder

LA FINALIDAD ÚLTIMA NO ES REGULAR

La finalidad de la educación emocional no es la de regular, si a menudo se piensa esto es porque al hablar de emociones solo se consideran en las emociones primarias o extremas.

 Uno de los objetivos de la regulación emocional es aprender a introducir una pausa para pensar la respuesta oportuna y evitar las reacciones impulsivas que pueden resultar dañinas para uno mismo o para los demás; pero esto no hay que hacerlo siempre. Sería conveniente enseñar a regular las emociones al autor de una agresión; podemos decir que en todo ser humano hay una agresividad natural, es esta la que hay que aprender a regular.

 La vivencia y la expresión emocional pueden causar malestar tanto por exceso como por defecto.

 ¿CUÁNDO CONVIENE REGULAR LAS EMOCIONES?

 Es necesario reconocer y expresar emociones para restablecer el equilibrio que las mismas alteran, pero esta expresión no se puede realizar de cualquier manera. La expresión emocional es disfuncional y puede causar problemas tanto por exceso como por defecto, para evitarlo hay que aprender a regular.

 Conviene regular las emociones cuando la reacción espontánea puede provocar conductas desadaptadas, desmesuradas o dañinas, de las que pueden derivarse problemas graves en la vida y en las relaciones. Entre la emoción y la acción hay que contemplar un espacio, que tendrá duración diferente en cada persona y que tiene por objetivo liberar la tensión emocional para facilitar a continuación la construcción de una respuesta adaptada, con la intervención conjunta de la emoción y la reflexión.

 Se entiende la emoción como un estimulo, interno o externo, que predispone o incita a la acción, y la conducta como la respuesta al estímulo. Se pueden establecer tres niveles diferentes de conducta: la primera, puede ser la conducta que da origen a la emoción(estímulo) o la que el individuo esta teniendo antes de la emoción (antes del estimulo; la segunda. Es la respuesta inmediata, no meditada, que a veces es impulsiva y perjudicial y que en otras ocasiones esta integrada a nivel neuronal. (impulsiva no es igual a inadecuada); la tercera, es una respuesta retardada, razonada. Entre el estímulo y la respuesta emocional se interpone una pausa, durante la cual se aplica alguna estrategia de regulación con la finalidad de recuperar el estado anímico habitual para realizar un valoración más serena de lo que ha pasado (sentimiento), así como para pensar las posibles respuestas y sus consecuencias. 

El sentido de la regulación emocional es prevenir los daños y las complicaciones que a veces pueden derivarse de determinadas respuestas impulsivas en las que no existe coordinación entre emoción y pensamiento.

 REGULAR NO SIGNIFICA REPRIMIR, NI PENSAR LA EMOCIÓN EN LUGAR DE SENTIRLA

 Regular las emociones no es intelectualizar lo que nos pasa, así como tampoco es reprimir. Se trata de que cada uno busque su nivel adaptativo, que será aquel que le depare mayor bienestar en su vida personal y social. 

Las emociones que pueden ser expresadas y vividas pueden convertirse en informaciones muy valiosas sobre la manera de ser y de sentir. Las emociones que no se viven ni se expresan en cambio, pueden ocasionar sensaciones imprecisas e intensas de malestar.

 La respuesta emocional debería producirse en los dominios de la regulación, consistiría en ser capaces de abrir una pausa entre el estímulo y la respuesta conductual. Esta pausa permite que aflore la parte asintáctica de lo que se esta sintiendo al lado de la analítica y reflexiva, y hace posible que se adquiera conciencia.

 Cuando una emoción de una cierta intensidad y con unas determinadas características irrumpe, se produce una tensión emocional que desencadena una tensión fisiológica. A raíz de esta tensión puede que se tengan dificultades en la coordinación emoción –razón, este es el momento de introducir la pausa; el objetivo de la misma es la aplicación de una o varias estrategias de regulación emocional, con el fin de provocar la respuesta y liberar así la tensión originada por la emoción. La aplicación de la estrategia adecuada conduce a la relajación, restaura el equilibrio alterado, y a partir de aquí  se esta en disposición de reflexionar sobre lo que ha pasado, para posteriormente construir el sentimiento y para encontrarnos en condiciones de dar una respuesta o conducta empática que favorezca la reconciliación con uno mismo y la convivencia armónica con los demás.

 Algunas de las estrategias de regulación que podemos utilizar durante la pausa para provocar la respuesta emocional son: Expresión verbal, catarsis, reestructuración cognitiva, técnicas de relajación, técnicas de expresión corporal, ejercicio físico, distracción, expresión artística, etc.

 ¿QUÉ SIGNIFICA REGULAR LAS EMOCIONES?

 Uno de los aspectos y funciones más destacables de regular las emociones es la de reconducir la vida hacia el mayor bienestar posible, induciendo a cambiar los esquemas emocionales disfuncionales que llevan hacia terrenos impracticables o hacia metas no deseadas por otros esquemas progresivamente más complejos y eficaces. Se trata de aprender hábitos nuevos de relación con uno mismo y con los demás.

 Regular las emociones significa: 1) entender la emoción como un estado cerebral que no siempre se puede vencer con la razón ni se puede superar de forma inmediata (vivir y experimentar las emociones propias); 2) tener en cuenta que el aprendizaje modifica la estructura y el funcionamiento del cerebro (el cerebro evoluciona durante toda la vida); 3)educar el cerebro para que, cuando sea necesario, interponga una pausa entre una emoción (estímulo) y la conducta que se deriva de ella (respuesta) (las emociones son lícitas, pero no todas las conductas que se derivan de ellas); 4) anticipar las posibles consecuencias de nuestras respuestas emocionales para valorar si somos capaces de asumirlas sin salir perjudicados (discernir lo que nos conviene de lo que no para salir de las situaciones que nos plantea la vida);5) crear nuevos significados, buscar una explicación racional lo más honesta y fidedigna posible que proporcione bienestar (puede ser expresándola verbalmente o mediante otro tipos de estrategias); 6) facilitar la integración lo más adaptativa, beneficiosa y integral posible de lo problemático, difícil o vulnerable (por un lado, identificar los propios puntos débiles y modificar los esquemas inservibles y, por otro lado, ensayar y entrenar nuevas respuestas).

  ¿CÓMO DEBEMOS REGULAR LAS EMOCIONES?

 Dos aspectos importantes a tener en cuenta en las distintas estrategias de regulación emocional: 1) las estrategias de regulación emocional cambian mucho en función de cada emoción, de cada momento y sobre todo de cada persona; 2) la reestructuración cognitiva, el cambio de la manera de pensar, puede ser una estrategia, pero no utilizando únicamente esta, por lo que se puede decir que cada una de ellas puede resultar eficaz si se aplican en su momento. Las emociones sólo fruto de lo que pensamos. Las estrategias de regulación emocional deben incluir estrategias que potencien la identificación, la liberación y la distensión de sensaciones fisiológicas o corporales, para llegar al cambio de la manera de pensar.

 ¿PENSAR SIEMPRE EN POSITIVO ES POSITIVO?

 Pensar en positivo incluye saber dar una orientación positiva a lo que nos rodea, por lo tanto debe incluir también el saber vivenciar y asumir los aspectos negativos de nuestra realidad.

 Pensar siempre en positivo no es positivo porque supone negar la realidad y suplantarla por fantasías, porque implica realizar un desgaste considerable de energías procurando cambiar la naturaleza de los hechos, porque los estados emocionales que están relacionados con el dolor, la frustración, la indignación, etc. normalmente no disminuyen con la modificación del pensamiento, porque la mayoría de las emociones pierden su carga dañina cuando permitirlos conocerlas y experimentarlas en nosotros mismos y porque pensar siempre en positivo puede llevarnos a pensar que somos invulnerables, cuando eso no es así.

 En determinados momentos la persona debería reclamar el derecho a sentirse desgraciada, ya que es precisamente en esa amargura donde la persona puede descubrir su fuerza transformadora y la capacidad de superación que posee. El pensamiento positivo será positivo cuando admita la debilidad del ser humano y empiece a partir de ella.

 EMOCIONES Y SALUD

 La definición de salud firmada por la OMS dice: “La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no la ausencia de malestar o enfermedad”. Por lo que no hay duda de que emociones y salud están interrelacionadas.

 ¿Hay emociones que nos enferman y emociones con poder curativo o preventivo?

 No se puede afirmar con rotundidad que las emociones tengan poder para enfermarnos o para curarnos. Las emociones y los síntomas físicos pueden ser vistos como desequilibradores para la persona, pero aún así su función es equilibradora. Crecemos y aprendemos a través de un proceso en que se suceden desequilibrios y equilibrios.

 Se puede responder afirmativamente a las preguntas de que las emociones no enferman y a que las emociones tienen poder preventivo y curativo, pero realizar este tipo de afirmaciones es peligroso, por lo que hay que matizarlas.

 Todas las emociones se sienten en el cuerpo, por lo que hay significados emocionales profundos que se convierten en síntomas. Emociones y síntomas son fuentes de información sobre uno mismo, cumplen una función reguladora y adaptativa si se atiende de forma integrada. Se puede decir que la enfermedad es el producto de un conjunto de factores (físicos, mentales, emocionales, ambientales, etc.) y que ninguno de estos puede ignorarse ni considerarse de forma aislada, ni todas sus causas son exógenas ni todas son endógenas; las emociones pueden considerarse factores de riesgo o factores con un determinado poder terapéutico, pero no las causas. No debemos culparnos por nuestras emociones y enfermedades; las emociones se somatizan pero tan disfuncional puede ser su expresión descontrolada como su inhibición sistemática. La postura saludable esta relacionada con el enfrentamiento y la autorregulación.

 En definitiva, una cuestión de valores

 La manera de abordar nuestras emociones y nuestros síntomas es una cuestión de valores o de principios personales. Valores y principios están muy relacionados, dependen de nuestra confianza en nosotros mismos, en los demás y en la vida, de nuestra capacidad de tolerancia a la frustración, etc.

Como con el dolor emocional, con el dolor como síntoma debemos aceptarlo y analizar que nos indica de nosotros. La enfermedad de nuestros tiempos es la enfermedad psíquica; que parece ser que está relacionada con la manera en que vive la persona, al igual que la enfermedad física.

Una pastilla y todo solucionado

Aunque algunas personas pueden necesitar ayuda farmacológica puntual, cada vez hay más indicios de que el hecho de superar una depresión por uno mismo establece y refuerza en el cerebro conexiones que antes no existían y que estimulan las sensaciones de bienestar. Los psicofármacos no pueden suplantar el crecimiento persona que debemos realizar cada uno por nuestra cuenta. Pero adoptar por una solución u otra, es al fin ya al cabo una cuestión de valores. 

Sedúcete para Seducir Eva Bach y Pere Darder “Vivir y educar las emociones” (5)

AL MAL TIEMPO, MALA CARA

 Hay que considerar las emociones como estados internos y externos al mismo tiempo, ya que uno de los mayores problemas es la disonancia entre el estado emocional interno y externo, entre lo que se siente y lo que se aparenta sentir o se deja translucir.

 Desde el punto de vista de la salud, las emociones son biológicamente adaptativas si se atienden en el momento que se producen y se expresan de la manera que les es propia. Para que la función adaptativa pueda tener lugar, hay que permitirse pasar por el proceso de aceptar, comprender y reorganizar la experiencia emocional, la cual no podemos completar sin la comprensión del otro, su interpelación, confirmación y punto de referencia externo que representa. El acercamiento al otro es origen y final en la construcción de la identidad personal.

 La congruencia entre la dimensión biológico – interna y social – externa es determinante para establecer unas relaciones interpersonales fundadas en la autenticidad y la integridad. En esta doble dimensión se dan emociones dirigidas a uno mismo (para descubrir quienes somos y para poder relacionarnos con los demás desde la honestidad) y emociones dirigidas a los demás (interacción social humana). En las primeras existe la vivencia y el conocimiento de las propias emociones, que conducen a la autoestima, a la regulación emocional y a la capacidad de automotivarse. Las segundas hacen referencia a la comprensión de las emociones de los demás, a la empatía, a las habilidades sociales y a las vivencias éticas, que nos permiten establecer vínculos emocionales enriquecedores. El otro al igual que actúa de estímulo, de apoyo, etc. a veces también ejerce de obstáculo.

 Decidirse a conocer y regular las emociones exige arriesgarse en la relación con los demás. A partir de ésta emergerá el desarrollo personal mutuo y la satisfacción vital compartida.

 CONDUCTISTAS, COGNITIVOS Y HUMANISTAS

 Para que se produzca una síntesis integradora entre emoción, pensamiento y acción, nos hace falta que la persona se ponga en contacto con lo que es y con lo que siente, y descubra lo que querría ser; que inicie un proceso continuo y permanente de construcción individual y colectiva; y que ejercite y asuma unos hábitos de comportamiento que lo lleven hacia una acción coherente, eficaz y comprometida.

El cognitivismo estudia los procesos de producción y procesamiento de la información consciente, pero se desentiende de los contenidos inconscientes subyacentes que los pueden conformar, distorsionar o interceptar. No contempla algunos de los componentes que integran los esquemas emocionales.

 La tradición humanista contempla las emociones como factor de reencuentro personal y de crecimiento humano, pero a esta dimensión de reencuentro personal conviene añadirle la de reencuentro con el otro que es la base del conocimiento de uno mismo y de la madurez emocional.

 TODAS LAS EMOCIONES SON NECESARIAS

La distinción que se hace entre emociones positivas y emociones negativas no significa que unas sean buenas y otras malas, sino que unas coinciden con nuestros objetivos y otras no.

 En lo que se refiere a su potencial constructivo y adaptativo, no hay distinción entre positivas y negativas. Las dos pueden ser positivas en ese sentido, por ello es preferible hablar de vivencia o integración positiva o negativa, adaptativa o desadaptativa de las emociones. Las emociones serán positivas o negativas en función lo que hagamos con ellas, de hecho todas las emociones pueden ser positivas si sabemos aprovechar las vivencias que se derivan de ellas; además todas las emociones son necesarias.

 No se pueden ni evitar ni prevenir las denominadas emociones negativas, lo que si se puede conseguir es minimizar sus efectos perjudiciales con entrenamiento. El mejor remedio para estas emociones es admitirlas y escuchar lo que nos están diciendo, para aprovechar su potencial y salir de ellas con competencia emocional más amplia y consistente, de esta manera podremos acompañar las del otro, así como desarrollar la empatía y la conciencia social.

 YO SOY ASÍ

 Esta es una frase que puede ser afortunada o no dependiendo del tono en el que se diga y del mensaje implícito que conlleve.

Se pronuncia desde el paradigma de la independencia, surge después de haber estado años acatando las normas que vienen desde fuera, es entonces cuando se produce la rebelión de los yoes. El problema reside en que las personas se queden en esta fase, entonces es negativo por que puede significar que nos resignamos a ser como somos, es decir, ya no hay posibilidad de cambio, de evolución; o porque puede querer decir que el otro nos tiene que aguantar tanto si le gusta como somos, como si no, de esta manera se representa una falta de consideración hacia uno mismo y hacia los demás.

 Yo soy así puede sonar bien cuando se dice en un tono de humor o de humildad que indica la aceptación de lo que se es y la reconciliación con uno mismo. Es importante establecer distinción entre el modo de ser y el modo de comportamiento. Actuar de una determinada manera en un momento puntual no significa que una persona sea siempre así.

¡QUÉ MIEDO!

 En el momento de conocer nuestras emociones el obstáculo con el que nos podemos encontrar es el miedo.

 El miedo la primera resistencia que se encuentra la educación de las emociones, es la resistencia al cambio. Para educarnos y reeducarnos emocionalmente, tenemos que estar dispuestos a cuestionarnos cosas cada día, a tener que realizar cambios de rumbo, etc.

 El miedo al dolor puede bloquear las emociones y en consecuencia las acciones, este bloqueo puede llegar a ser más perjudicial que el dolor del que se intenta huir. El miedo es la emoción básica que nos rige y domina, la qué a veces nos la permitimos y cierra el paso a otras emociones. Nos da miedo descubrir nuestra necesidad del otro. Por miedo a nuestra parte biológica e instintiva, hemos cultivado solo nuestra parte racional.

 Las emociones no son un peligro, son un potencial por desplegar, son indicadores, informaciones, recursos, oportunidades… y además son inevitables. 

La escuela saca suspenso en emociones

 

El pequeño Darío (11 años, sexto de primaria en un colegio público de Madrid) no atiende en clase de lengua porque se aburre y se dedica a interrumpir y a molestar a sus compañeros. La profesora, tensa porque el curso se agota y apenas ha cumplido la mitad del temario impuesto por Educación, pierde los nervios, grita y castiga al alumno a salir al pasillo. Al día siguiente, la escena se repite. Y también la semana siguiente, y la otra, y la otra, y así hasta entrar en una espiral perversa que a ella la sitúa al límite de su resistencia y al chico lo va hundiendo en un pozo del que no sabe cómo salir y que le genera rechazo a acudir cada día a ese lugar desagradable llamado colegio.

Un escolar muy similar a Darío, pero esta vez sentado en una de las aulas del centro público María Sanz de Sautuola, en Santander, sabe que cuando acabe la clase que ha alborotado debe bajar al despacho del jefe de estudios y colorear en un cuadro que le representa una parte figurada de sí mismo. En rojo, si su comportamiento ha sido malo; verde si ha atendido y ha sido amable con sus compañeros y profesores, y amarillo si se ha portado regular.

Cuando acuda a clase al día siguiente contará en una pequeña asamblea qué hizo mal, por qué lo hizo y cómo cree él o sus compañeros que puede mejorar. Pedirá disculpas, o se autoimpondrá alguna tarea en beneficio de los demás, y a cambio no se permitirá que ningún niño le insulte o menosprecie por su comportamiento y a ningún docente se le ocurrirá colgarle la etiqueta de “caso perdido”. Los profesores de este colegio, pioneros en España en la aplicación de técnicas de inteligencia emocional en la escuela pública -algunos centros privados hace ya tiempo que las aplican- saben por experiencia que prácticamente ningún niño es un caso perdido. Todo depende de cómo se le enseñe a reaccionar ante el conflicto.

¿Es la inteligencia emocional, como aseguran los profesores que la utilizan, una herramienta eficaz para pacificar el ambiente escolar y contribuir a formar mejores personas? ¿O se trata de una moda pasajera, algo ingenua, que no tiene en cuenta que una cosa es la teoría y otra muy distinta vérselas cada día con un grupo defieras que sólo piensan en divertirse y se niegan a esforzarse? ¿Acaso no hemos aprendido a base de castigos y el que vale, vale, y el que no, al 30% de fracaso escolar que sitúa a España en el furgón de cola educativo de la UE? A muy pocos días de la inauguración del curso escolar 2008-2009, el debate sigue en pie.

La inteligencia emocional, impulsada por las teorías del aprendizaje del psicólogo Karl Rogers y popularizada por el escritor Daniel Golemán a mediados de los noventa, consiste en desarrollar la capacidad de sentir; entender las causas de este sentimiento; controlarlo y modificarlo. Para ello existen técnicas. El Instituto Español de Inteligencia Emocional de Madrid es uno de los que las enseña, especialmente a los profesores. Su instructora, Ana Bayón, explica cómo: “Primero se pone nombre al sentimiento: furia, cólera, rabia, miedo, frustración… para saber a que nos enfrentamos. Una vez identificado, sabemos qué hacer”.

Estos seminarios reúnen a los docentes en grupos pequeños y cada profesor verbaliza lo que le preocupa. Los demás escuchan. El que habla observa de lo que tanto le preocupa le ocurre a otros profesores, que han salido ya del atolladero. “Toman conciencia de que no están solos y de que el problema tiene solución”, comenta Ana Bayón.

En España, aunque el sistema educativo no concede importancia a la educación emocional -“parece ser no forma parte de nuestra cultura”, comentó a este periódico un ex alto cargo de Educación- cada día son más los docentes y pedagogos que son conscientes de su utilidad y tratan de aplicarla, a veces más por intuición que por técnica, en sus lugares de trabajo. Otros la rechazan porque entienden que para la solución de conflictos internos ya están los psiquiatras y los psicólogos. Este rechazo suele manifestarse en la negativa a participar en los tímidos planes de formación en “gestión humana” que de vez en cuando la Administración intenta con los profesores de secundaria. Una facultad de la Universidad Complutense de Madrid ha declinado participar en uno de estos cursos alegando que su misión consiste en formar profesores que dominen la materia que van a impartir en el instituto, y que lo demás no es de su incumbencia. Pero, a pesar de todo, la educación emocional se abre paso con más fuerza, y ya se cuentan por miles los profesores -mayoritariamente del sector privado y de los niveles de infantil y secundaria- que asisten a los cursos y aplican lo que han aprendido con sus alumnos.

En la Federación Española de Religiosos de la Enseñanza (FERE) albergan pocas dudas sobre la utilidad de la inteligencia emocional. José Ignacio Peña y Beatriz Arroyo, del departamento pedagógico-pastoral de la patronal de los colegios católicos, aseguran que comenzaron con unos pocos seminarios, hace dos años, y ahora no dan abasto. “Se ha corrido la voz y cada vez nos piden cursos, tanto para profesores como para directores de centro, porque quienes han participado saben ya que todos, profesores y alumnos, salimos ganando”, asegura Peña. Para este experto, “resulta desolador” comprobar la poca importancia que nuestra cultura concede a las emociones y eso nos lleva, según él, a olvidar el papel fundamental de la escuela: “Educar no es sólo transmitir conocimientos. Ése es el segundo objetivo. El primero es formar personas”.

Ese concepto lo ha aprendido bien Miguel Ángel Terreros, un profesor de Infantil de un colegio católico. “Cuesta salir de la inercia de juzgar, etiquetar… Pero cuando lo haces, los resultados son espectaculares. Los niños te devuelven multiplicados lo que les das. Si ofreces un abrazo, te devuelven diez. Pero hay que saber dar ese paso; hay que saber abrazarles incluso cuando se portan mal”.

¿Es así de sencillo? Eduardo Larriera, asesor en inteligencia emocional de la patronal de la enseñanza privada Acade, sonríe al responder que sí. Aunque discrepa en que se trate de una tarea fácil. De hecho, muchos la rechazan. “Me producen un cierto pánico los profesores que piden más disciplina y más mano dura, porque aún no se han dado cuenta de esa vía está equivocada. Y lo peor es que esos docentes nunca aceptarían asistir a un curso de inteligencia emocional, cuando en realidad son quienes más la necesitan”, reflexiona.

No todo son sinsabores. Larriera acaba de recibir un correo de una profesora de secundaria que asistió el pasado mayo a uno de sus cursos. “Un alumno se sentaba con el trasero al borde de la silla y las piernas despatarradas en mi clase de matemáticas, y así estaba hasta terminar. Mi reacción era gritarle: ‘¡Siéntate bien. Pon la espalda recta!’. Nunca hizo caso”. Tras el seminario, esta profesora decidió dedicar diez minutos de la clase a mostrar a sus alumnos una lámina con un esqueleto humano, detallarles la función de sostén de la columna vertebral y recomendar la conveniencia de cuidarla. “Al día siguiente, el chico seguía con sus malos hábitos. En lugar de enfadarme, le dije: ‘¿Recuerdas lo que hablamos ayer?”. El adolescente contestó con un bufido, pero se enderezó. Y cada día aguantó más tiempo bien sentado. Ella le transmite su sorpresa al instructor: “Funciona”.

En el colegio cántabro Ana Sanz de Sautuola lo descubrieron hace seis años, al afrontar una situación de emergencia. El alumnado, procedente en parte de familias desestructuradas, hacía difícil la convivencia. “Habíamos llegado al límite. Necesitábamos un plan de choque”, recuerda Carlos Rodríguez, ahora director de este centro público. Cambiaron los castigos, gritos y nervios por la paciencia y el diálogo. Preguntaron a sus alumnos qué les pasaba. Los profesores se limitaron a escuchar. Después hablaron de soluciones. Desde entonces, y vistos los resultados, aplican las técnicas de inteligencia emocional en todos los cursos, desde infantil a sexto de Primaria. La demanda de matriculación, los resultados académicos y los premios recibidos parecen indicar que han optado por el camino correcto.

Las autoridades educativas, sin embargo, parecen mirar para otro lado. Pere Darder, presidente del Consejo Escolar de Cataluña, partidario de estas nuevas técnicas, se muestra cauteloso: “No pedimos un cambio, pedimos una revolución”. Y esa revolución consiste en volver del revés el sistema y desterrar las secuelas de aquel inquietante axioma de la letra, con sangre entra. Con todo, Darder cree que el camino está iniciado y no tiene vuelta atrás.

Fuente: El País 

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